El segundo encuentro de este ciclo lo tuvo al profesor
Ezequiel Barchuk exponiendo sobre la figura de Charles Baudelaire. La
conversación nos permitió pensar la modernidad y el sujeto inmerso —a la vez que
situado por encima— de esos acontecimientos. Se caracterizó la figura del
dandy; se desarrolló la idea de una secularización de la belleza; se habló de
historia y de revoluciones, y del cambio en las ciudades. Por supuesto, también
de su biografía. Se leyeron poemas de El spleen de París y Las flores
del mal, y se buscó una definición del simbolismo oponiendo al signo,
trayendo a colación las artes plásticas.
La presentación concluyó con la referencia al surrealismo,
dejando entrever que allí aparece una nueva etiqueta, un nuevo planteo que, en
parte, se sostiene sobre los mismos fundamentos. Todo esto había comenzado en
el primer encuentro, con la presentación de Fabián Paredes sobre Alejandra
Pizarnik. Su aproximación —atravesada por el psicoanálisis— puso el tema del
surrealismo sobre la mesa y nos permitió pensar su influencia en una época y en
un lugar determinado: París.
Ahora el ciclo se encamina hacia su cierre con el Mayo
Francés también surgido allí. El interrogante que nos guía es si aquel
movimiento artístico y literario influyó en ese movimiento social y político. Y
si no fue así, la excusa ya está servida. Hablaremos de un movimiento
revulsivo, fundado en la libertad individual y la autonomía como condición necesaria para
una acción colectiva y soñadora entre personas iguales. Muy pronto.
La primera imagen registra a Ezequiel Barchuk en el uso de
la palabra. En paralelo a la disertación se proyectaron pinturas de Odilon
Redon (1840–1916), artista simbolista influenciado por las lecturas de
Baudelaire.
La jornada fue linda. Hubo muchos encuentros. Faltabas vos.

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