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martes, 22 de septiembre de 2026

La justicia, una vez más, exige al gobierno nacional que cumpla con la ley de financiamiento universitario.

 


A propósito de la intimación al Gobierno Nacional por parte del Juzgado Contencioso Administrativo Federal 11.

El tema del financiamiento universitario pasó por todas las instancias institucionales formales. Recordemos que fue la insistencia del Poder Legislativo a un veto del Poder Ejecutivo la que la sancionó. También, hay que recordar que esta cautelar quedó firme por la Corte Suprema de Justicia, en un proceso donde el Ejecutivo Nacional la suspendió de hecho. Ahora, el mismo juez que dictó aquella, el año pasado, vuelve a decir: Poder Ejecutivo Nacional, cumpla con la medida cautelar. Estaría de más decir que la “cautela” se funda en la naturaleza alimentaria de los salarios y en el derecho a enseñar y aprender –los ya famosos artículos 5 y 6 de la Ley 27.795–. El Gobierno Nacional creyó que, con el cumplimiento del acuerdo firmado con el CIN, en el mes de junio, ya no existía riesgo en la demora, pero se equivocó porque el peligro sigue estando –un desfasaje en torno al 35%-. El tema fue ampliamente discutido en las aulas y en las calles de la Nación con cuatro marchas multitudinarias. Ahora, se agrega un contexto en donde se amenaza con juicio político a toda jueza estigmatizada con el absurdo del garantismo. Niegan al Poder Legislativo y al Poder Judicial. Entonces, el Poder Ciudadano debe agarrarse del derecho para no ser negado también.  Son varios los colectivos que se ven afectados en esta reducción sistemática de derechos económicos. Hay que saber que nuestro sistema constitucional garantiza la ruptura del contrato de mandato, para confeccionar otro, cuando nos ponemos suficientemente de acuerdo. En este caso, hay altos funcionarios públicos que deberían ser removidos de sus cargos por incumplimiento de deberes. Ahora bien; la pregunta, ante la reciente medida del juez, a hacer es: ¿a quién se le aplican los astreintes –sanciones pecuniarias-? La respuesta: al Estado Nacional, lo que significa que este podrá simplemente decir: “déficit fiscal”, y listo. La universidad pública transita un laberinto kafkiano.

INTIMESE

viernes, 6 de marzo de 2026

QUE EL MERCADO NO DECIDA POR NOSOTROS

El gobierno nacional tiene problemas con los mínimos: por encima de ellos está la política, pero por debajo está el derecho. El caso de los Glaciares.






Los problemas económicos fundamentales que toda sociedad debe responder son tres: qué producir, cómo producir y para quién producir. Si trasladamos estos interrogantes a la actividad minera —entendida como la producción orientada a la extracción de un mineral— los resultados, para las mayorías sociales, arrojan un saldo negativo.

Esto es así en un contexto donde la pérdida de puestos de trabajo, en la Argentina, viene siendo significativa. Durante la actual gestión de Javier Milei, se estima que se han perdido alrededor de 300 mil empleos registrados, y según un informe de la consultora Audemus, entre 2023 y 2025 la actividad manufacturera acumuló una caída promedio del 7,9 %, lo que posiciona al país entre los peores desempeños industriales del mundo. Mientras tanto, nuestro vecino Brasil, registró un crecimiento cercano al 3,5 % en el mismo período[1].

En este escenario de desindustrialización, la actividad minera no logra compensar la destrucción de empleo. Se trata de una actividad que, además de generar un volumen relativamente reducido de puestos de trabajo, es altamente tecnificada y suele incorporar mano de obra especializada proveniente del exterior. Para quienes son expulsados del aquel sistema productivo, lo que queda, es la inserción en formas de trabajo precarizadas, como las plataformas digitales, a la que llaman trabajo independiente.

En paralelo a esta profundización del proceso de primarización de la economía —con un tipo de cambio apreciado y una apertura comercial indiscriminada—, se están poniendo en juego territorios y comunidades enteras. No se trata solo de variables numéricas: en este vendaval se están arrasando derechos, es decir, porciones concretas de vida, como un proceso de mutilación humana. Allí están los discapacitados y los ancianos.

Desde esta perspectiva, incluso la corriente utilitarista —aquella que, ante un dilema moral, privilegia el mayor bienestar general— difícilmente podría justificar un modelo como este que combina desindustrialización, es decir desempleo; degradación ambiental, miseria y concentración de la riqueza.

Me interesa señalar aquí, volviendo al inicio del texto, la fuerte relación existente entre ambiente y democracia. Me refiero a la democracia entendida en su dimensión procedimental. Esto es, la atención en las formas mediante las cuales se toman decisiones, sobre contenidos de enorme relevancia, como lo son los recursos naturales, esenciales para la vida humana.

Los asuntos sobre bienes comunes no pueden decidirse de esta manera.

Las últimas leyes discutidas en el Congreso Nacional —incluida aquella que vacía de protección a los glaciares— se debatieron en un edificio vallado, con graves restricciones a la deliberación pública, en algunos casos rompiendo el contrato de mandato entre representantes y representados, y siempre con premura, de espaldas a la Constitución y a la jurisprudencia ambiental consolidada.

Voy al núcleo normativo del problema.

El artículo 41 de la Constitución Nacional exige a la Nación dictar normas de presupuestos mínimos de protección ambiental. Ese mandato se concretó, entre otras normas, en la Ley General del Ambiente (Ley 25.675, año 2002), cuyo artículo 1° establece justamente ese marco protector. En particular, la Ley de Glaciares (Ley 26.639, año 2010) dispone en su artículo 1° que los glaciares y el ambiente periglaciar son bienes de carácter público y los define como:

“Reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano; para la agricultura y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas; para la protección de la biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo turístico”.

Además, en el año  2020 el Estado argentino ratificó, mediante la Ley 27.566, el Acuerdo de Escazú —el primer tratado ambiental de América Latina y el Caribe— que impone obligaciones claras en materia de acceso a la información pública, participación ciudadana y justicia en asuntos ambientales. Esta norma no solo protege el ambiente como bien jurídico, sino que también establece un procedimiento para tomar decisiones sobre ese contenido.

El vaciamiento de los presupuestos mínimos implica dejar un papel en blanco en el escritorio de “quien sabe quién”, aunque algunos ahora lo llamen “provincia”. Si esta modificación prosperara, la protección de los glaciares y del ambiente periglaciar volvería a foja cero, en la medida en que se eliminaría el Inventario Nacional de Glaciares previsto en el artículo 3° de la norma vigente, instrumento técnico –dependiente del CONICET- indispensable para cualquier política seria de protección.

Vamos en contra a la arquitectura constitucional elegida por nuestros constituyentes del 1994. Precisamente para evitar la competencia a la baja en materia ambiental, el constituyente estableció presupuestos mínimos nacionales, como garantías de goce de libertades. Asimismo, entendió en este punto, que cuanto mayor es la cantidad de los sujetos involucrados en la decisión –provincia y nación-, mayor es su imparcialidad, reduciendo el riesgo de captura del Estado por parte de grupos de interés.-También aquellos constituyentes, agregaron el art. 75 inc 19 de la Constitución Nacional que habla de educación, de ciencia, de cultura y de justicia social-.

Por eso la relación entre democracia y ambiente, que no es otra que la relación entre democracia y derecho. Cuando se adoptan decisiones con potencial de no retorno —lo que fundamenta el principio precautorio del derecho ambiental— la forma en que se decide es tan importante como el contenido de lo decidido. Si se restringe la deliberación pública y se debilitan estándares constitucionales, el problema no es solo ambiental: es una decisión antidemocrática y, por su contenido, también inconstitucional.

Frente a esto, sostengo que el derecho debe dirigir la economía, del mismo modo en que la democracia debe secuestrar al capitalismo. Me refiero a un sistema mixto, donde el Estado intervenga activamente en diferentes áreas de la vida social. Hace tiempo superamos la visión de Adam Smith y su concepto de mano invisible, y comprendimos que los mercados presentan fallas estructurales: externalidades, asimetrías de información, competencia imperfecta. Allí donde el mercado falla, el Estado debe estar presente.

En este sentido, resulta interesante recuperar una entrevista disponible en la web de Thomas Piketty, economista Francés dedicado al estudio de la desigualdad, titulada “Estamos en una situación similar a la que llevó a la Revolución Francesa”. Allí sostiene, entre otras cosas, que una parte significativa de la riqueza debe estar socializada; que los movimientos históricos hacia la igualdad han sido largos y conflictivos; que países como Suecia —hoy asociados a altos niveles de bienestar— fueron profundamente desiguales hasta la consolidación de la socialdemocracia; y que los actuales niveles de concentración patrimonial no solo son injustos, sino también económicamente ineficientes.

Piketty dice, por ejemplo, que en España el 50 % de la población posee apenas el 5 % del patrimonio total, mientras que el 10 % concentra alrededor del 50 % de aquel total - y ni hablemos de América Latina-. Esa brecha no es derecho natural: es el resultado de decisiones políticas e institucionales. También advierte que la deuda pública funciona como el impuesto que las clases privilegiadas no pagan; y que con una pequeña fracción de los beneficios de las multinacionales y de los grandes patrimonios, redistribuida globalmente con criterios poblacionales, para inversión en educación y salud, superaría en 10 veces los montos de lo que se hace llamar: ayuda internacional. Nos recuerda que, en tiempos de la Revolución Francesa, la nobleza tampoco quería pagar impuestos.

El mensaje parece claro: los sistemas económicos no cambian por inercia, sino por decisión política.

Las condiciones materiales para una reforma hacia el camino de la igual libertad están dadas.

Solo resta, que colectivamente respondamos aquellas preguntas fundamentales —qué producir, cómo producir y para quién producir—, y avancemos en consecuencia.

Pero ahora, pensemos solo un momento en esto. No podemos destruir nuestros glaciares. No podemos comprometer nuestras reservas de agua.

Si esto ocurre, no solo perderemos ambiente: perderemos derechos, perderemos democracia.

 


martes, 24 de febrero de 2026

Noche de Literatura; Charles Baudelaire.

 


El segundo encuentro de este ciclo lo tuvo al profesor Ezequiel Barchuk exponiendo sobre la figura de Charles Baudelaire. La conversación nos permitió pensar la modernidad y el sujeto inmerso —a la vez que situado por encima— de esos acontecimientos. Se caracterizó la figura del dandy; se desarrolló la idea de una secularización de la belleza; se habló de historia y de revoluciones, y del cambio en las ciudades. Por supuesto, también de su biografía. Se leyeron poemas de El spleen de París y Las flores del mal, y se buscó una definición del simbolismo oponiendo al signo, trayendo a colación las artes plásticas.

La presentación concluyó con la referencia al surrealismo, dejando entrever que allí aparece una nueva etiqueta, un nuevo planteo que, en parte, se sostiene sobre los mismos fundamentos. Todo esto había comenzado en el primer encuentro, con la presentación de Fabián Paredes sobre Alejandra Pizarnik. Su aproximación —atravesada por el psicoanálisis— puso el tema del surrealismo sobre la mesa y nos permitió pensar su influencia en una época y en un lugar determinado: París.

Ahora el ciclo se encamina hacia su cierre con el Mayo Francés también surgido allí. El interrogante que nos guía es si aquel movimiento artístico y literario influyó en ese movimiento social y político. Y si no fue así, la excusa ya está servida. Hablaremos de un movimiento revulsivo, fundado en la libertad individual y la autonomía como condición necesaria para una acción colectiva y soñadora entre personas iguales. Muy pronto.

La primera imagen registra a Ezequiel Barchuk en el uso de la palabra. En paralelo a la disertación se proyectaron pinturas de Odilon Redon (1840–1916), artista simbolista influenciado por las lecturas de Baudelaire.

La jornada fue linda. Hubo muchos encuentros. Faltabas vos.

 










lunes, 26 de enero de 2026

Día del Músico en Posadas: una convocatoria discreta

Cobertura desde el parque Maria Morínigo 


En el parque María Morínigo de la ciudad de Posadas, el domingo 25 de Enero, se celebró el Día del Músico, fecha que coincide con el aniversario del nacimiento del Flaco Spinetta. El evento se desarrolló en el escenario del programa Cultura en Movimiento de la Secretaria de Estado de Cultura de la provincia de Misiones.

La actividad fue articulada por el Colectivo de Artistas Itinerantes y Trabajadores de la Cultura (CAITRAC) y la Federación Argentina de Músicos Independientes (FA-MI), contando con el apoyo estatal.

La convocatoria fue lo suficientemente pobre como para llamar la atención a gestores, artistas y público en general; también a ciudadanos.
Por suerte, la luna sí estaba. Y una pareja, alejada, en perpendicular al escenario, tomaban una gaseosa mientras se besaban. Algunos jóvenes bailaban. El resto se sentaba en el pasto que rodea el feo cemento y disminuye lentamente la temperatura en una noche calurosa, en una noche tropical.

La cobertura fotográfica del evento tiene como fin revalorizar, desde un registro sincero, la importancia de la cultura en general y, particularmente, en el espacio público, donde aparecen más razones para discutir colectivamente. Todo en el ámbito público tiene importancia y puntualidad.

Hay fotografías de bandas. músicos y publico; al pie están mencionados. Durante todo el recital, que inició cerca de las 20 y terminó alrededor de las 22, se expusieron frente al escenario las obras de Dan Schmidt, quien también estuvo pintando en vivo. Al final le hago una breve entrevista sobre cómo vio el evento.

Se espera que esto sea el inicio de algo, de algo que se acompañe con una feria llena de artesanos.

Gracias.







Desde el Alma con Hugo Carabio en la Batería

En esta foto se puede ver a Lucrecia y a Paulo, entre otros, durante el evento

Dan Schimdt pintando en vivo. Aparecen Valdermaarr y Martin Veron




La Runfla del Gato se presenta



Melquíades solo en el escenario




Entrevista a Dan por LT

— Dan, ¿qué te pareció haber participado en este evento que se desarrolló en la ciudad de Posadas por el Día del Músico?

— La idea, el hecho de hacer un evento, es bellísimo. Pero si hay que llevar a cabo una muestra de arte, me gustaría decir que la próxima muestra se pueda hacer en un lugar donde se puedan poner las obras. Desde el hecho de la fantasía, hacer un evento es muy concreto: hubo gente, hubo música. Yo sinceramente no me sentí cómodo porque se mezclaron cosas, hubo obras que hice que estuvieron en el piso.

— ¿Y qué te parece ocupar el espacio público con arte, el arte como transformación social, teniendo en cuenta que esto se hizo en el Espacio Morínigo?

— Para mí fue interesante que se haya hecho en un lugar que no se ocupe tan frecuentemente. Eso me parece importante. Que convoque a una parte popular de la sociedad. A la gente le gusta el arte, le gusta la música, le gusta la pintura, pero me parece muy fundamental que esté bien planteado y desarrollado.

— Bueno Dan, la última. Estamos ahora en Mystic, un bar de la ciudad. El evento terminó hace como tres horas. Estamos con Hugo, Alam, gente de La Runfla, Eric. ¿Cómo estás pasando el presente?

— La verdad que en este momento me siento bastante bien. Fue un día de un montón de cosas y, al menos yo, me siento finalizado. Eso es lo que me hace estar acá en este momento.

Cerramos. Es la una y media. Estamos en Mystic. Hay un cuadro de Dan sobre la mesa. Está sonando Callejeros. Ya estamos terminando la cerveza. Bueno, veremos.

miércoles, 21 de enero de 2026

Cada vez hay más espacios públicos abandonados en Posadas. De eso no sale nada bueno: solo exclusión y violencia.

Los juegos que durante décadas estuvieron en el Parque Paraguayo fueron trasladados a la Plaza Sarmiento a raíz de las obras de ampliación del Museo Aníbal Cambas. Una vez más, una modernidad decadente que no contempla el derecho a la memoria.

En la Plaza Sarmiento, ubicada en Villa Cabello, hablo con un hombre: vendedor de ropa, feriante del lugar. Me dice que los juegos funcionan de miércoles a domingo (yo estuve un martes). Que viene gente, pero poca. Que los chicos ya casi no los usan. Le digo que los juegos se están deteriorando, que están claramente en estado de abandono. Me responde que el señor que los tiene —al parecer un cordobés— quiere venderlos por millones de pesos. Las máquinas, dice, solo le generan costos.

Le digo entonces que el Estado debería estar presente. Me responde que el Estado los sacó del Parque Paraguayo y que ahora ya no interesa demasiado lo que pase con ellos. “Ni luces hay acá, en esta plaza”, me dice. Y agrega que, si el dueño de los juegos las pone, se las terminan robando.

Le digo que es una lástima, que tranquilamente se podría abrir una gran feria en torno al parque, una opción tradicional para las familias de Posadas, algo beneficioso para la zona y también para sus ventas. Me responde que sí, pero que acá hay mucha inseguridad. Me lo grafica con un gesto: “Podés estar con el teléfono así” —me muestra— “y viene un pibe y te lo roba”. La policía, dice, está ahí arriba nomás. Hay mucho consumo, mucha adicción. Ahora hay gente, pero cuando oscurece la plaza se vacía. “Venite más tarde y fijate”, me dice. Por eso a nadie le interesa demasiado este lugar.

Le vuelvo a decir que el Estado debería hacer algo. Que nosotros también deberíamos hacerlo. Que de seguro hay gente interesada.

 

La bandera de Misiones izada en la plaza Sarmiento no flamea. 


¿Cómo no vamos a cuidar el lugar en el que estuvimos cuando éramos soñadores? Tan rotos estamos que nos sometemos al olvido. Vamos contra nuestra herencia, contra nuestros recuerdos, contra nuestra identidad, contra nuestro reconocimiento mismo, contra nuestra dignidad, nuestro derecho político.

Deberíamos alzar la voz al unísono. Hacer de la rebelión un acto patrimonial constitutivo. Vivimos en un estado de excepción donde el sistema de representación ya no existe. El sistema institucional parece estar divorciado de la ciudadanía. Los partidos políticos han muerto. El poder está concentrado y los controles sociales erosionados.

Las herramientas institucionales que la ciudad nos ofrece: audiencias públicas, iniciativas populares, presupuesto participativo, son poco utilizadas, pero pueden ser un camino. Pongamos una mesa en el medio de la plaza y empecemos a cambiar conversando. Eduquemos al soberano; algo básico.


El viejo mundo muere y el nuevo tarda en aparecer. Los monstruos están sueltos. Este es el momento. Nadie puede estar bien si quien está a su lado está mal: si tu amiga está mal, si tu novia está mal, si tu hermana está mal. De lo contrario, significa que te des responsabilizas. Y este no es un tiempo para irresponsables. No se puede vivir de balde.























domingo, 14 de diciembre de 2025

El derecho a llegar al rio: que es y por que importa el camino de sirga


Fuente: Pohl Schnake, V., Mantegna, S., & del Llano, T. (2019)

 

La relación entra la sociedad y el ambiente parte de una idea sencilla; la conducta humana puede modificar las condiciones de existencia de los seres vivos. Por lo tanto, el derecho —definámoslo aquí simplemente como conjunto de normas — puede (y debe) regular esa conducta a los fines de que ella no afecte la vida de las personas. En este sentido, el derecho ambiental es un derecho humano — si nos importa el árbol no es por el árbol en sí mismo, sino porque su existencia beneficia la vida humana —. La Constitución Nacional (1994) en su art. 41 recepta el derecho a un ambiente sano, contemplando el principio del desarrollo sostenible. Esta es una ética que reposa sobre un postulado de equidad interjurisdiccional e intergeneracional.

La normativa ambiental cristaliza el modelo de como una sociedad define el acceso y uso de sus recursos naturales. El nuevo código civil (2015) reconoce esa cláusula constitucional en términos prácticos (política ambiental). En su afán por emprender un camino tendiente a la des mercantilización de la naturaleza, da una especial atención a lo público por sobre lo privado y a lo colectivo por sobre lo individual. El código menciona los derechos de incidencia colectiva (art. 14), aclarando que la ley de ninguna manera ampara el ejercicio abusivo de los derechos individuales cuando estos puedan afectar el ambiente, además de mencionar el funcionamiento de los ecosistemas, la flora y fauna, la biodiversidad, el agua, los valores culturales y el paisaje (art. 240). Sin embargo, en medio de estos avances, el Código introdujo un cambio que generó polémica: la reducción del llamado camino de sirga.

¿De qué se trata? El camino de sirga se encuentra en el capítulo correspondiente a los límites al dominio, cuyo objetivo es permitir sirgar, esto es, remolcar o arrastrar una embarcación desde la orilla. Se aplica a cursos de agua navegables y consiste en una franja de terreno que paso de 35 metros a solo 15 desde la línea de ribera. Aunque es propiedad privada, el propietario no puede realizar en él ningun acto (ejemplo construcciones) que menoscabe la actividad del transporte fluvial. Parte de la doctrina, desde un enfoque que observa el ordenamiento jurídico integral, ha dicho que esa actividad no solo se debe reducir al transporte, sino también a la pesca y al esparcimiento. Lo que hay que entender es que el rio es un bien de dominio público (art. 235) y por ende se debe permitir el acceso a él. Para el derecho no es aceptable el acceso a determinado espacio del rio, debe ser sobre su totalidad.

La reducción del camino de sirga llego en un país donde las denuncias por su incumplimiento ya era moneda corriente. Con la legislación actual, en parte se legitima esas prácticas de obstrucción por parte de los propietarios. Para mencionar un caso extremo: en 2006, Cristian González y dos amigos fueron a pescar a la orilla del rio Quilquihue; desde las cabañas Andina les dispararon tiros intimidatorios, y cuando Cristian pidió explicaciones, el guardia privado Horacio Calderón le efectuó un disparo mortal en el cuello[1]. En la ciudad de Posadas, provincia de Misiones, también abundan los ejemplos. En varias zonas, no solo no se ha respetado el camino de sirga, sino que directamente se han privatizado bienes públicos. Un caso emblemático es lo que sucede con el “montecito” de villa cabello; una reserva urbana ambiental en beneficio de un club privado[2].

El impedimento ciudadano del acceso a un bien público como el rio tiene una vinculación fuerte entre democracia y derecho. La posibilidad de garantizar un ambiente sano y equilibrado para el desarrollo humano, así como la preservación al patrimonio natural y cultural, aumenta cuando la sociedad puede ejercer control sobre esos espacios; y para ello, necesariamente debe poder habitarlos. A pesar de todo, el código, deja una puerta abierta. El último párrafo del artículo atinente al camino de sirga dice lo siguiente: (…) “Todo perjudicado puede pedir que se remuevan los efectos de los actos violatorios de este artículo” Lo que significa que cualquier afectado puede demandar judicialmente al propietario por acción y al Estado por omisión. Bastaría hacerlo para ver qué pasa.

 

Referencias:

Pohl Schnake, V., Mantegna, S., & del Llano, T. (2019). Bienes comunes y conflictos socio-ambientales en torno a la segmentación normativa del territorio a partir del Código Civil y Comercial de la Nación vigente desde 2015. VII Congreso Nacional de Geografía de Universidades Públicas y XXI Jornadas de Geografía de la UNLP, La Plata, Argentina.



Mi primer articulo que se publica en un diario local. Estoy contento (aprendí a disfrutar). Se lo dedico a mi padre. Un tipo que me agarro y siempre me tiro para arriba.  

https://www.lavozdemisiones.com/opinion/el-derecho-a-llegar-al-rio-que-es-y-por-que-importa-el-camino-de-sirga/


 


martes, 1 de julio de 2025

La abstención como síntoma de un cuerpo social a punto de morir

 


Cuando el voto se debilita, el Estado se demoniza y la desigualdad se consolida. Algo está dejando de latir.

El contractualismo nos ayuda a responder dos preguntas básicas de toda teoría moral: (1) ¿qué nos exige la moral? y (2) ¿por qué debemos obedecer ciertas reglas? La primera se responde así: la moral nos exige cumplir aquello que nos comprometimos a cumplir. Y la segunda, simplemente, indica que obedecemos ciertas reglas porque nos comprometimos a ello.

Lo interesante de este enfoque es que llevó a la Ilustración a ocupar ese gran vacío dejado por la religión en su explicación sobre la cuestión moral. La autoridad ya no se justifica mediante un mandato divino, sino mediante un mandato social: un mandato de individuos. Es decir, a los dioses los reemplazamos nosotros, con nuestra creación; una creación humana, y no no humana. Esa creación es un contrato, y ese contrato es el Estado.

Para ser más claro: el Estado nacional es un contrato que está delimitado en un territorio determinado. Aunque un contrato es algo más elevado que el Estado, y por lo tanto, lo fundamenta. Por encima del Estado está el contrato de un sistema democrático constitucional, y por encima de éste, otro contrato: el de los principios morales de la modernidad.

La vida del Estado, o de ese contrato —como se lo quiera llamar—, puede variar significativamente. El criterio fundamental de esa variación es el nivel de racionalidad de cada uno de sus participantes; racionalidad que, a su vez, está condicionada por el nivel de información relevante que posean esos integrantes. Cuanto menor es el nivel de racionalidad, menor es también el nivel de motivación.

Si el número de integrantes de ese contrato se muestra cada vez menos motivado a pertenecer a él, estamos ante una imperfección creciente del modelo de vida del Estado actual.

A modo de ejemplo, en lo que va del año, las últimas elecciones muestran cifras elocuentes: en la ciudad de Buenos Aires, la participación fue del 53,3%; en la provincia de Santa Fe, del 55%; en Chaco, del 52%; en Salta, del 59%; y en San Luis, del 60%.

Misiones, cuya novela eleccionaria estuvo atravesada por un intento de proscripción y una denuncia de fraude por falta de boletas de un partido en la localidad de Eldorado, no fue la excepción a esta tendencia nacional. Con apenas un 55,4 % de participación electoral, ni siquiera logró superar los números registrados en 2021 durante la pandemia, en una elección que también fue intermedia.

En este sentido, el fenómeno que se nos presenta es preocupante, ya que estamos a pocos votos de ni siquiera superar la mitad del padrón electoral; es decir, de no poder legitimar ni siquiera una noción mínima de democracia, al no alcanzar la mayoría de las voluntades. Una hipótesis a esgrimir es que, cuando la oferta electoral no estimula, la abstención es la consecuencia.

Los encargados de esa oferta —como un supermercado llenando la góndola con productos— son los ya inexistentes partidos políticos. Instituciones —como tantas otras— que actualmente financiamos solo para generar un desorden de ideas. Pero, al parecer, el problema no es solo la calidad de los productos en la góndola: el problema es la edificación misma del supermercado.

Estos datos muestran que estamos dejando de lado el derecho político por antonomasia, aquel que, además, fundamenta el derecho a la igualdad —una persona, un voto— y por el cual tantos y tantas han luchado y se han sacrificado.

Esto abre una pregunta fundamental: ¿los integrantes del contrato lo han abandonado porque (1) están motivados únicamente por el auto-interés y no se orientan a obtener reglas imparciales —entendiendo que cuanta mayor participación de los afectados, mayor imparcialidad en la toma de decisiones— o porque (2) no creen que ese mecanismo sea adecuado para alcanzar dichas reglas?

El sufragio ha sido presentado como el máximo logro alcanzado, bajo la idea reducida de que democracia equivale a votar. Cuando, en realidad, una democracia con sustento constitucional es todo lo que sucede entre acto y acto eleccionario.

Lo ocurrido hace unas semanas en México —la supuesta democratización del Poder Judicial a través de la elección directa de jueces— es un ejemplo claro. ¿Qué clase de democratización puede haber si no existe ninguna capacidad de control ciudadano sobre los jueces electos, ni existió previamente ningún filtro ciudadano para determinar su candidatura? Además, se trató de una reforma impulsada por un solo poder del Estado: un poder constituido que busca instigar al poder constituyente.

En cualquiera de los casos, se nos presenta un problema. Y eso debería despertarnos una sensación de alerta, de necesidad de búsqueda de soluciones. Apropiarnos de una ética kafkiana que nos exija actuar de tal manera que los ángeles siempre estén despiertos.

Cuando se trata de enfrentar un problema, lo primero que debemos hacer es identificarlo. El historiador holandés Rutger Bregman, en su libro Utopía para realistas, lo explica muy bien en un pasaje. Afirma que, si hay una institución capaz de cambiar el curso de la historia, esa es la escuela. Sin embargo, lejos de asumir ese rol transformador, los grandes debates sobre educación están centrados en el formato. Se ha convertido en un medio de adaptación y flexibilidad para la vida. El foco se pone en la didáctica, no en los ideales; en la competencia, no en los valores.

Nos capacitan para resolver problemas, pero no para pensar qué problemas vale la pena resolver. Somos meros seguidores de tendencias, cuando en realidad deberíamos ser quienes las crean. Porque es nuestra competencia —la de la sociedad— determinar qué es lo que verdaderamente tiene valor.

Eric Fromm, en su libro El miedo a la libertad, sostiene que el hombre moderno, liberado de los lazos de la sociedad preindividualista, no ha alcanzado la libertad en un sentido positivo, es decir, como desarrollo de su potencial intelectual y emocional. Si bien esa libertad le ha brindado racionalidad e independencia, también lo ha aislado, volviéndolo impotente y ansioso. Ese aislamiento le resulta insoportable, y ante esa incomodidad puede optar entre luchar por realizar su libertad positiva o renunciar a la responsabilidad que conlleva. Y cuando renuncia, lo hace siempre en favor de la sumisión, de la dependencia, del totalitarismo.

Hace unos días, el presidente Javier Milei afirmó abiertamente su crueldad hacia los gastadores, los empleados públicos y los estatistas, y acusó a la oposición de ser “parásitos mentales”. A esto se suman sus constantes embestidas contra los medios de comunicación y las universidades públicas, instituciones fundamentales de toda democracia liberal.

Un informe del Centro Estratégico Latinoamericano de Geopolítica (CELAG) reveló que en Argentina el 10% de la población concentra el 59% de la riqueza del país, mientras que, como contracara, el 50% de los argentinos posee apenas el 4%. Asimismo, el informe señala que Argentina encabeza el ranking de países más endeudados con el Fondo Monetario Internacional (FMI), con una deuda que asciende a 63.986 millones de dólares. Le sigue Ucrania, con un compromiso de 15.000 millones; una cifra cuatro veces menor.

En nuestro país, existe una élite que ha capturado el Estado mientras habla mal de él. Es un nivel de irracionalidad alarmante, una irracionalidad que contribuye directamente a la falta de motivación para participar políticamente.

Cuantos más sean los ciudadanos sin derechos, mayor será el nivel de abstención en los actos eleccionarios. Y esto es grave, precisamente porque el problema es complejo, lo que —por lógica— nos indica que la solución también lo será. Una complejidad que se refiere a la necesidad de considerar múltiples factores, imposibilitando su comprensión en términos de simplificación o reducción.

Lo interesante, sin embargo, es que para alcanzar esa solución se requiere una mayor participación de los integrantes del contrato social.

Estamos presenciando un cuerpo social que está a punto de morir, pero que todavía no ha muerto. Y, por lo tanto, nada nuevo nace.


Al Diario: https://diarioelgobierno.ar/noticia/213-la-abstencion-como-sintoma-de-un-cuerpo-social-a-punto-de-morir

sábado, 3 de mayo de 2025

Deuda, dominación y ceguera democrática

Del ajuste al endeudamiento: la continuidad de un modelo que posterga la soberanía. 





¿De qué sirvió la motosierra, ajustarnos, el recorte del gasto público? ¿Dónde están las inversiones, o el camino hacia ellas, el trabajo? La inflación del mes de marzo ha aumentado, aunque creíamos que, con la amputación vivida, ya no volvería. En esa relación, los sueldos y las jubilaciones descendieron; pero, a pesar de todo, la nación Argentina en el mes de abril vuelve a pedir prestado al Fondo Monetario Internacional. Estas, son algunas de las declaraciones que circulan dentro del arco opositor.

Cuando hablan los técnicos, la probabilidad de confusión es grande. Gino Germani expone la paradoja de la democracia: la situación de ignorancia en la que se encuentra el ciudadano común respecto a la solución de los problemas de la política económica y financiera lo coloca en una condición de ceguera. Si la revolución democrática consistía en quitarle la venda al pueblo para que llegara a la luz, lo cierto es que la mayoría sigue con la venda puesta. Así, la acción de gobierno queda confiada a quienes “saben”, a los técnicos, a los expertos, sin posibilidad de control alguno. 

Ante esto, me interesa escribir sobre la deuda de la forma más clara posible, dirigida a lo que el sociólogo Alfred Schutz llamaría el ciudadano bien informado: un tipo ideal que se encuentra entre el experto y el hombre común. Para ello, me apoyaré principalmente en un artículo de Rodolfo Terragno, titulado “Deuda. El que toma prestado es siervo del que presta”, incluido en su libro Memorias del presente (1985). En ese texto se desprende una idea simple, si una nación necesita pedir prestado, hay una alta presunción de que algo no anda bien.

El autor inicia su análisis citando un proverbio bíblico: "El rico señorea sobre el pobre, y el que toma prestado es siervo del que presta". En un contexto de extrema desigualdad mundial, se vuelve sencillo determinar quién presta y quién pide.

Terragno continúa señalando que el sistema económico internacional ha entendido muy bien el mensaje de Dios: el prestamista domina al prestatario, inyectando dinero en los "pueblos elegidos" y sembrando necesidad en los "pueblos condenados".

Celso Furtado, economista brasileño citado por Terragno, sostiene que en el mundo existen dos tipos de naciones: las centrales (elegidas) y las periféricas (malditas). En su opinión, el endeudamiento de los países periféricos fue el instrumento que permitió la "transnacionalización de la economía", un objetivo estratégico de las grandes corporaciones. Esta estrategia buscaba homogeneizar los mercados nacionales, generando deseos de consumo similares entre poblaciones distintas, para luego dominarlas a través de productos idénticos. Es un resumen de la globalización. 

Permítanme el siguiente agregado. Beatriz Sarlo, en Escenas de la vida posmoderna (1994), señala que en oposición al paisaje tradicional del centro de la ciudad con todas sus extremidades, el “shopping” se presenta como una cápsula espacial diseñada por la estética del mercado. Según Sarlo, todos los shoppings son, en algún punto, idénticos: las mercancías refuerzan la uniformidad de un espacio sin cualidad. Así, si uno descendiera de Júpiter, solo el papel moneda y la lengua de vendedores, compradores y mirones permitirían identificar en qué país se encuentra.

Dado que las naciones periféricas contaban con estructuras productivas débiles y rezagadas, y con mercados internos de escasa capacidad para asimilar esos hábitos de consumo propios de los países desarrollados, la única forma de hacer viable la expansión fue, por un lado, inyectar dinero en sus economías, y por otro, promover la concentración de la renta en un sector reducido de la población. De este modo, se creó un microclima económico donde sí era posible reproducir patrones de consumo ilimitado, necesarios para la rápida expansión de las corporaciones.

Este modelo de (mal) desarrollo, injertado en las economías de los países periféricos, provoco nuevos desequilibrios. En la misma línea, Prebisch, en el primer informe de la CEPAL sobre “Los principales problemas de América Latina”, deja sentado su teoría en la que sugiere que el comercio internacional se organiza en torno a un intercambio que es desigual entre una periferia – países que se especializan en la extracción- y un centro – países que exportan bienes manufacturados-. En el tiempo, dice Prebisch, los precios de la materia prima disminuyen en relación a los precios de los bienes manufacturados; ello lleva a la necesidad por parte de los países periféricos a exportar más para mantener la misma cantidad de bienes importados, o a pedir prestado, muchas veces – a los fines de adquirir tecnología y maquinaria- para exportar más. Falta de industrialización, por una dedicación a la extracción, a su vez, por una necesidad en la recaudación. De cualquier forma, las elecciones son problemáticas.

Actualmente, el crédito es la preferencia ante cualquier alternativa que desarticule el orden económico internacional, y los acreedores, a pesar de sus lamentaciones, quieren seguir prestando. Lo que en verdad desean es seguir dominando.

Si bien el análisis hecho puede parecer generalizador, Furtado no niega la complejidad del asunto de la deuda latinoamericana. No obstante, destaca que el proceso de “internacionalización” y “endeudamiento” ha ocurrido tanto en economías en crecimiento como en otras que no, tanto en países importadores de petróleo (Brasil) como exportadores (Venezuela). Lo que si se repite es la existencia, en cada país deudor, de una “casta” asociada al acreedor. 

“Los Argentinos ya nos dimos cuenta que es imposible hacer una Argentina distinta con los mismos de siempre”; era una frase de campaña del año 2023. Sin embargo, detrás de esa frase venia el actual Ministro de Economía, que hoy nos insta a creer que, a pesar de repetir las mismas recetas, esta vez todo será distinto.  Como dijo Einstein: “Tonto es aquel que haciendo siempre lo mismo, espera resultados diferentes”. 

La casta a la que se refiere Terragno no solo intercambia favores y comisiones. También pertenece a una poderosa herejía que afirma que el rico debe señorear sobre el pobre, y unas naciones dominar a otras. Para eso, necesitan unidad entre los dominadores y división entre los dominados. Nunca dejo de recordar una frase de Zygmunt Bauman, en su libro La cultura en el mundo de la modernidad líquida (2013): "Cuando los pobres se pelean con los pobres, los ricos tienen todas las razones para frotarse las manos con alegría".

Los prestamistas actúan como si sus créditos fueran una bendición, y se indignan ante la “ingratitud” de los deudores. Pero el problema ya no es solo económico. Es político. Se trata de soberanía, uno de los conceptos fundantes de cualquier manual de ciencia política. Los gobiernos endeudados aplican políticas recesivas dictadas desde el extranjero, que afectan directamente la calidad de vida de su población. Ese, nos dicen, es el precio del “rescate”.

Hace unos días, la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, sugirió que los argentinos deberían votar por el oficialismo en las próximas elecciones legislativas. El nivel de ceguera democrática en el que estamos sumidos nos lleva a aceptar que alguien que nada sabe de nuestra nación, escudado en su saber técnico y con evidentes intereses geopolíticos, nos diga qué rumbo tomar.

Permítanme cerrar con un fragmento de la novela Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago. En una conversación entre el Ministro del Interior y el Alcalde, tras unas elecciones en la ciudad en las que triunfa el voto en blanco, el Ministro pregunta: ¿Qué piensa entonces que deberíamos hacer?  Nada.  Por favor, querido Alcalde, no se le puede pedir a un gobierno que no haga nada en una situación como esta.  Permitame que le diga que en una situación como esta, un gobierno no gobierna, solo parece gobernar.


Link del diario: aquí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

La rotura de lo real es más real que lo real






Para tener deseos de acercarse, primero hay que alejarse.

No se puede hacer eso en una sociedad en la que nadie se desconecta.

 

 

En el canal de televisión Ciudad Magazine, Javier Milei, actual presidente argentino, intentó demostrar que es más alto que su eventual novia: Yuyito González. De pie junto a ella, afirmó: “Para que vea la diferencia, señora, le llevo más de cinco centímetros”. Entre los comentarios del video en redes, destaco uno de “soledad1891”, que escribe: “¡Único! 🥰 Un capo, habla como cualquier argentino, re sencillo”.

Este episodio invita a reflexionar a través de lecturas como las del sociólogo italiano Giuliano Da Empoli, cuyas ideas parecen cobrar vida en nuestra realidad social y política. Hace unas semanas leí su ensayo publicado en Nueva Sociedad, titulado “Waldo a la conquista del planeta. Rabia, política y algoritmo”, un extracto de su libro: Los ingenieros del caos.

El texto comienza con una descripción breve del personaje animado llamado Waldo, protagonista de uno de los capítulos (temporada 2; cap. 3) de la serie británica denominada Black Mirror (espejo negro en español). Este oso azul computarizado se gana al público gracias a su humor ácido y chistes de mal gusto. La popularidad del personaje lleva a una pregunta clave: ¿y si es tan querido, por qué no postularse a elecciones? Da Empoli sugiere que esta ficción explica los fenómenos políticos actuales con mayor claridad que muchos ensayos de sociología. Aunque recomiendo ver el episodio, resumiré su desenlace:

En una megalópolis futurista, un grupo de fuerzas de seguridad golpea a vagabundos que duermen bajo un puente. Entre ellos está Jaime -un treintañero frustrado-, creador de Waldo y figura central del relato. Poco después, Jaime se detiene frente a una pantalla gigante que muestra imágenes de Waldo dominando el planeta: gigantografías, aviones militares con su nombre, escolares con uniformes del color de Waldo. Un nuevo eslogan de poder había tomado el mundo. Lo que comenzó como una sátira antisistema se ha transformado en el nuevo sistema. La distopía se ha hecho carne; la furia, el resentimiento y la paranoia son ahora la norma.

Da Empoli cita a Peter Sloterdijk y su libro Ira y tiempo (2006), donde se analiza la historia política de la ira. Sloterdijk sostiene que a lo largo de las sociedades, un sentimiento irreprimible ha recorrido a quienes, que con razón o no, se sienten perjudicados o abandonados. Durante siglos, la religión canalizó esta rabia acumulada, seguida, hacia finales del siglo XIX, por los partidos políticos, especialmente los de izquierda. Su función consistía en acumular las energías de indignación, que en vez de liberarse al “instante”, podían destinarse a construir un proyecto más ambicioso y sustentable. Así, las emociones no derivarían en episodios “individuales”, sino que se pondrían al servicio de un plan general, en donde el perdedor se convierte en activista y su ira encuentra una salida política.

 

Sin embargo, Sloterdijk observa que ni la iglesia católica, que fracasó con su idea del juicio final por una sociedad con individuos que poco le interesa trascender y se limitan únicamente a vivir el “aquí y ahora”, ni los partidos políticos en general, que en su momento han sabido ser correas transmisoras de demandas ciudadanas, pero hoy parecen centrados en agendas propias como si fueran islas soberanas, logran contener la cólera acumulada por la población.

La consecuencia es, una ira que se expresa de manera cada vez más desorganizada, desde los inicios del siglo XXI. Pero hoy, después de casi veinte años de aquella publicación del filósofo alemán, el autor del Mago del Kremlin, nos hace notar, con evidencia empírica, que esa indignación se organizó detrás de  figuras populistas que ocupan la escena política de sus países, cada vez, cada día, en mayor medida. Los ejemplos abundan; EE. UU con Trump, Marilen De Pen en Francia, Víctor Orban en Hungría; los casos repetidos en América Latina.  

Fernando Savater, en su libro Política de urgencia, explica sencillamente, que el populismo es la democracia de los ignorantes; pero también de los decepcionados. Es el sueño de un sistema instantáneo en el que la voluntad generosa del pueblo se realiza por un líder cuasi mesiánico sin interferencia alguna. El punto es, aclara el autor, que justamente esa interferencia, que no es más que procedimiento -derecho y garantía-, es lo que constituye al sistema democrático.

El ensayo del italiano destaca un punto en común entre los movimientos populistas extremos, pese a sus muchas diferencias: su bandera principal es castigar a las élites políticas tradicionales, sean de izquierda o de derecha. Estas son acusadas, con argumentos que parecen válidos, de traicionar el mandato popular y favorecer los intereses de una minoría enquistada en el Estado. Sin embargo, lo más revelador del análisis es su advertencia de que figuras como Waldo, Trump o Bolsonaro no habrían surgido sin una condición material que permitiera a los nuevos populistas construir y sostener sus reivindicaciones.

Un pequeño dispositivo que llevamos en el bolsillo nos ofrece acceso instantáneo a todas las respuestas del mundo, impactándonos de manera inevitable y profunda. La inmediatez con la que satisface cada uno de nuestros deseos ha cultivado en nosotros una impaciencia legítima, en donde ya nadie está dispuesto a esperar. Como dice Sabina, "La sala de espera es sin esperanza"; y Luca Prodan lo resumió con su famosa frase: "No sé lo que quiero, pero lo quiero ya". Este fenómeno se conecta con el análisis de Jonathan Haidt en La generación ansiosa, en donde expone en su introducción, el riesgo de las redes sociales para los niños/as y adolescentes por una lentitud en la maduración de una parte del cerebro que se encarga de decir no a la tentación.  

Entonces, si la sociedad se comporta de tal forma, ¿porque la política debería ser distinta?, si en todo caso, en un sistema representativo, los que mandan son nuestros mandados, aquellos a quienes nosotros los hemos mandado a mandar.

La rabia, tiene su raíz en la impotencia y en la ansiedad desmesurada por obtener la aprobación de los demás, motivada por el temor a llevar una vida considerada inadecuada. Según los psicólogos, este estado de ánimo se representa con la figura del adolescente. Sin embargo, el problema actual radica en que las redes sociales nos convierten a todos en adolescentes perpetuos, atrapados en una habitación virtual que intensifica nuestra frustración. Observamos la mediocridad de nuestras vidas frente a las posibilidades aparentemente al alcance de la mano, pero reducidas a un aparato de color.

 

Giuliano Da Empoli, afirma que, en estos tiempos, la moneda corriente es la formulación y recepción de teorías conspirativas, ya que ofrecen, al fin y al cabo, una respuesta al indignado permitiendo justificar su ira. Un solo ejemplo de esto en nuestro país, es la idea recurrente del lawfere. Una idea tan absurda que llevaría a creer que una cierta elite –política, judicial, empresarial- se puso de acuerdo para acallar a los máximos líderes populares de nuestra región; que “claro”, paradójicamente no forman parte de esa elite.  Aunque las redes sociales no conspiran por sí mismas, sí son el mejor soporte para que aquello funcione, al fomentar emociones intensas, causantes de más clics y de usuarios pegados a la pantalla, como yonquis pegados a la heroína.

Un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts revela que una noticia falsa tiene un 70% más de probabilidades de ser compartida en internet que una verdadera, debido a su capacidad de captar la atención con mensajes peculiares. Esto refleja una inseguridad individual que busca reconocimiento social y una ira que se libera en la esfera virtual, pero con consecuencia en la vida real. Un ejemplo de ello es el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, que adoptó su identidad tras el impacto de un vídeo publicado en Facebook por un joven mecánico con ese atuendo. En cuestión de días, el video acumuló más de cinco millones de visualizaciones.

El ensayo concluye que Waldo es una traducción política de las redes sociales: una máquina alimentada por la rabia, cuya única misión es responder a las emociones de sus simpatizantes. No propone ideas nuevas ni soluciones, solo repite lo que la gente piensa en el lenguaje que esta misma utiliza. Si las élites consideran esto ofensivo, mejor aún, porque refuerza su desconexión con el pueblo, que Waldo encarna perfectamente. En una sociedad donde la vulgaridad y los insultos personales ya no son tabú, Waldo resulta una consecuencia lógica. La premisa socrática de que todos revelan inteligencia cuando se les trata como tal parece haberse derrumbado, dejando espacio para la imbecilidad humana.

¿Cambio?

El español Antonio Sola, conocido como "el creador de presidentes", plantea una idea esperanzadora: una tercera vía que escapa de los extremos polarizantes tan habituales en el panorama político. Sola, describe al nuevo líder como una figura con valores asociados a lo femenino, aunque no necesariamente sea una mujer. Esta figura se destacaría por su capacidad de mostrar afecto y empatía, cualidades que, tras la pandemia, cobraron especial relevancia. La crisis sanitaria evidencia la importancia de las tareas de cuidado, un rol tradicionalmente asumidas por mujeres, quienes representan el 70% del personal sanitario a nivel mundial. Así se consolida un paradigma de los cuidados, que abarca respeto, amabilidad, tolerancia, colaboración y una conexión profunda con los cuerpos humanos y territoriales, estableciendo una analogía entre la tierra y la mujer.

Sola advierte que el marketing político, cuando impulsa imágenes de líderes vacíos de estos valores, termina por crear "monstruos". Esta corriente guarda cierta semejanza con las ideas de Stéphane Hessel y Edgar Morin en su libro: El camino de la esperanza, donde reivindican la solidaridad y el rescate de saberes y destrezas tradicionales. Este planteamiento también parece dialogar con las culturas originarias, cuya visión no civilizatoria (en términos de los neoamericanos) resalta formas de vida más armónicas.

Ante todo aquello deberíamos reflexionar sobre nuestra relación con la propiedad privada. Si bien podríamos discutir sobre los medios de producción, la propiedad de uso personal debe respetarse como parte esencial de la autodeterminación de la vida moderna. Modernidad que no nos permitiría echarnos hacia atrás, aunque si lo hiciere, ese retorno a la tradición también sería moderno por una voluntad que es libre y racional. 

Pero toda esto está por verse. Mientras tanto, el presidente de la nación argentina se mide la estura en un programa de televisión con la supuesta primera dama para hablar de esto y no de que es un gobierno, a estas alturas, antidemocrático e inconstitucional (art. 18, 37, 41, 43, 75 inc. 17, inc. 19, inc. 22, inc. 23, 99 inc. 2 y 3)

En estos tiempos, la rotura de lo real es más real que lo real.

 

Link al diario: El Gobierno Argentina: https://iky.b07.myftpupload.com/politica/la-rotura-de-lo-real-es-mas-real-que-lo-real/ 

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