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domingo, 16 de agosto de 2026

Derecho y a la izquierda

La necesidad de tener una postura política de izquierda -desde la tierra colorada-.



En Misiones están pasando muchas cosas.

Al inicio del mes de agosto se conocieron las renuncias en papel blanco por parte de legisladores provinciales, al tiempo de asumir sus cargos. Esta práctica nos transmite una perplejidad asombrosa. En una sociedad donde la democracia como sistema representativo agoniza, el acontecimiento certifica su defunción. El asunto es tan grave, tanto por quien les hacía firmar, como por aquellos que las firmaron. Hay que decirlo; en el medio pueden aparecer una serie de delitos: (1) contra la libertad, (2) la administración y (3) la fe pública. Asimismo, cae de maduro la pregunta: ¿qué se está esperando para hacer denuncias formales por parte de sujetos que tienen la obligación de hacerlo por el rol que ocupan? Silencio.

El jurista alemán, Carl Schmitt, entendía lo político como un ámbito autónomo, separado -ej.- de lo moral o lo estético. Así, si la moral se ocupa de la distinción de lo bueno y lo malo, y la estética de lo bello y feo; la política haría la distinción de amigo y enemigo. Entonces, la versión –de algunos medios de comunicación- de que es el mismo defenestrado quien busca su propia defenestración para aglutinar —sobre todo— a los intendentes bajo la figura del nuevo conductor, con esa fuerza que nace de un enemigo en común, no suena del todo exagerada. En política, la construcción de un adversario común también puede convertirse en una forma de reorganizar el poder

La Libertad Avanza venía sumando fuerzas a nivel provincial, impulsada por las últimas elecciones de medio término, donde su performance fue superior a la de la Renovación por más del 5%. La renovación gobierna la provincia hace más de 20 años, aplicando lo que algunos politólogos denominan el efecto de cancha inclinada. Quizás el tiempo llevo a la necesidad de mostrar una nueva ola, y el año pasado, apoyo las candidaturas de las figuras más jóvenes del partido. Eso no funciono y pasó de la Neo Renovación a Encuentro Misionero a principios de este año, un eslogan que terminó por disolverse en un acorde y un vaso de vino. Ahora, el nuevo espacio político se denomina «Movimiento por lo que Viene», y queda buscar adonde están las diferencias.

Son tiempos donde la gente que nunca hablo ahora habla, y los que siempre hablaron ahora son escuchados.

Mientras tanto, la Nación argentina, vive tiempos delirantes. El 6 de agosto en el senado se discutió una ley que afectaría un elemento condicionante de la existencia del Estado; el territorio. En concreto, la provincia de Misiones por su realidad acuciante: pequeños productores y su zona de frontera, se vería fuertemente afectada. El tema nos permitió darnos cuenta de que Misiones es la segunda provincia más extranjerizada del país, con municipios —sobre todo del norte— que superan ampliamente el límite del 15% establecido en la normativa actual.  

Finalmente, la ley que hubiese permitido la compra de tierras sin límites por parte de extranjeros no salió. Sin embargo, eso no significa que no hayan pasado cosas. En los últimos días, en la localidad de Garuhapé, la comunidad Puente Quemado II fue desalojada y desplazada de su territorio en un preocupante desmanejo de derechos. Ahora, en San Pedro, familias enteras denuncian que la multinacional Arauco destruye sus casas y quema sus animales para apropiarse de la tierra. A ello se suma que, esta última semana, el Poder Judicial misionero agregó un nuevo capítulo a su injusticia epistémica al condenar a Mariela Ramírez en un proceso atravesado por la noción de “buena madre”. En este artículo, Caíco aporta algunos datos sobre el funcionamiento, los tiempos y la calidad de las respuestas de la justicia provincial (vale la pena): https://caicoperiodismo.ar/remo-04-pocos-fallos-muchas-fallas/

Son muchas cosas atravesadas por un hilo conductor: como y quien toma decisiones sobre las razones públicas, y que decisión se toman.

Ante una avanzada, es necesaria otra avanzada.

Como se viene demostrando, la democracia representativa se encuentra agotada. Su lugar debe ser ocupado por una democracia participativa y deliberativa, que permita el encuentro de todas las voces afectada, con la suficiente información, para llegar a acuerdos más imparciales y legítimos.  

Hoy vemos que la derecha nos ha mostrado su plan más perverso —lo tenemos sobre la mesa—: mercantilizar todo lo que está a su paso, cosificarlo. Es la Nada en la película La historia sin fin. Nosotros deberíamos ser Bastián.

En este contexto, la izquierda —en toda su amplitud— tiene una oportunidad única. Al referirme a ella, no hablo de un partido político en particular, sino de una posición política. Es cierto que esto puede ser mayormente capitalizado por los partidos de izquierda, pero prefiero pensar en posiciones que pueden encontrarse dispersas en diferentes —aunque no en todas— agrupaciones sociales. La palabra izquierda, incluso en términos semánticos, gana peso: en la medida en que derecha se vuelve sinónimo de muerte, izquierda lo hace de vida.

Por eso, me gustaría dedicar unas pocas líneas a pensar qué es aquello que llamamos izquierda, buscando una mejor comprensión que nos permita inclinarnos hacia esa postura. Para ello, voy a tomar brevemente algunas ideas desarrolladas por el jurista Roberto Gargarella en su reciente ensayo Izquierda y política, que puede consultarse aquí: https://ar.bajalibros.com/reader/izquierda-y-politica.

El autor afirma que, frente a los desacuerdos acerca de qué significa ser de izquierda, existe una idea de izquierda capaz de generar ciertos consensos básicos. Esta se asienta sobre una premisa de emancipación —o, dicho de otro modo, de no dominación— y, en consecuencia, ha defendido históricamente los ideales de los derechos y la democracia; es decir, la autonomía personal y el autogobierno colectivo. Ello supone, por un lado, que cada persona debe poder desarrollar su vida del modo más libre y pleno posible, sin interferencias arbitrarias de terceros o de instituciones; y, por otro, que cada comunidad debe poder organizarse de la manera más autónoma posible, sin quedar sometida a voluntades o poderes externos.

Resulta necesario, entonces, ante el panorama actual, donde los poderes concentrados han capturado buena parte de las decisiones estatales, democratizar la toma de decisiones mediante la participación y la deliberación, garantizar una distribución más justa de la riqueza y respetar los distintos estilos de vida. En definitiva, se trata de ampliar derechos —fortaleciendo la autonomía personal— y profundizar la democracia —fortaleciendo el autogobierno colectivo—.

Ser de izquierda es asumir una posición que exige más derechos y más democracia.

Es simple.

Epilogo

En estos tiempos del algoritmo, donde quien paga unas cuantas monedas se atreve a aparecer por doquier en nuestras intimidades, cambiando así las conversaciones en la mesa, algunos, van mucho más lejos y confunden al prójimo al aparentar una rebeldía cuando tan solo son verdugos. En ese sentido, pienso también que ser de izquierda es desertar de esos lugares donde las personas y los proyectos se vuelven caricaturas. Hay que dejar de ser cómplices de un sistema que nos vuelve idiotas. Y hay que dejar de ser cómplices de los cómplices. 

martes, 24 de marzo de 2026

24 de Marzo 1976; 50 años

Se cumplen 50 años del golpe de estado de 1976. En la madrugada del 24 de marzo, por los altavoces de radio nacional, en cadena nacional, se escucho el comunicado N° 1 de la junta militar.

“Se comunica a la población que a partir del día de la fecha, el país se encuentra bajo el control operacional de la Junta Militar. Se recomienda a todos los habitantes el estricto acatamiento a las disposiciones y directivas que emanan de la autoridad militar, de seguridad o policial; así como extremar el cuidado en evitar acciones y actitudes individuales o de grupo que puedan exigir la intervención drástica del personal en operación".

Firmaban Jorge Rafael Videla, Emilio Eduardo Massera y Orlando Ramón Agosti.

A partir de ese momento se inicio, lo que llamaron, el Proceso de Reorganización Nacional, una pretendida refundación de la Argentina que no fue más que un proceso de destrucción en los planos político, económico, social y cultural.

Videla, asume como presidente de facto –usurpador-, en el salón blanco de la casa de gobierno y no en el congreso nacional.




Los gobiernos autoritarios y antidemocráticos, detestan al poder legislativo. Como sostenía John Locke, en él, recae la esencia y la unión de la sociedad en una sola voluntad, es su espejo; además de limitar al poder ejecutivo, siempre más fuerte por tener la caja y las armas.

En aquel momento se cerró el Congreso. Más cerca en el tiempo, en 2023, el presidente actual asumió dándole la espalda. Vale la pena detenerse en ese gesto y preguntarnos qué entendimos como sociedad en estos cincuenta años y qué hicimos con todo aquello que nos pasó.

Nueve años después, en 1985, un fiscal de bigote y ojeras marcadas, al parecer bastante valiente, en su alegato final, además de citar a Dante y a su Divina Comedia, pronuncio una frase que quedaría grabada para siempre: Nunca Más.




Esa expresión ya había sido utilizada en el informe de la CONADEP, un documento de 50 mil paginas, que sirvió de base para la acusación fiscal. La comisión fue presidida por el escritor Ernesto Sábato, e integrada, entre otros, por Graciela Fernandez Meijide y Magdalena Ruiz Guiñazú.

La continuidad de ese proceso se dio años más tarde, con las políticas de memoria, verdad y justicia impulsadas a partir de 2003.

"Nunca Mas" condensa una idea, y esa idea funda un nuevo contrato social, un nuevo consenso. Nunca más censura, nunca más violencia estatal.

Argentina fue el único país que juzgó sus crímenes de lesa humanidad con sus propias instituciones, con su derecho, con sus jueces y bajo el debido proceso. En el "Juicio al mal absoluto", Carlos Nino, quien fuera uno de los arquitectos institucionales del juicio a las juntas, desarrolla la fundamentacion teórica utilizada para anular la ley de autoamnistía impulsada por el dictador Bignone, explicando la legitimación de normas en gobiernos que no son democráticos.

Fuimos un ejemplo en el mundo; no sólo revertimos la violencia con la acción punitiva, sino también con la deliberación pública, es decir, con la democracia en su mejor luz. Lo que Raúl Alfonsín sintetizaba en la frase, democracia no solo con la que se vota, sino también con la que se come, con la que se cura, con la que se educa.



Nino y Alfonsin

Aquella pregunta hecha más arriba ahora se nos cae encima como la realidad misma. Por primera vez, desde el Estado, se niega el terrorismo de Estado; pero no solo eso, en algunos casos se lo reivindica. Al mismo tiempo, se nos vacía de derechos económicos y sociales; se desfinancia la cultura, la educación, la ciencia, la salud; nos reducen la propiedad privada y nos debilitan, nos quieren raquíticos; no nos matan por acción pero si por omisión.

Tambien cabe preguntarse que hacemos ante esta realidad. Las madres de los desaparecidos, daban vuelta por la plaza de mayo, resistían, toda la vida resistiendo.

Los gobernantes actuales rompieron con el pacto del Nunca Mas, que a la vez se sustenta en la Constitución Nacional; por lo tanto, no son una autoridad legitima, o son una fuerza sin autoridad. Es asi que los derechos ya no se sujetan a algo externo, por que el fin del Estado como garante de aquellos deja de ser fin, y vuelven al individuo, y el primer derecho es la conservación de la vida y la oposición a su destrucción. 

Estos cincuenta años nos tienen que hacer despertar. Por suerte ya estamos despertando.

 

viernes, 6 de marzo de 2026

QUE EL MERCADO NO DECIDA POR NOSOTROS

El gobierno nacional tiene problemas con los mínimos: por encima de ellos está la política, pero por debajo está el derecho. El caso de los Glaciares.






Los problemas económicos fundamentales que toda sociedad debe responder son tres: qué producir, cómo producir y para quién producir. Si trasladamos estos interrogantes a la actividad minera —entendida como la producción orientada a la extracción de un mineral— los resultados, para las mayorías sociales, arrojan un saldo negativo.

Esto es así en un contexto donde la pérdida de puestos de trabajo, en la Argentina, viene siendo significativa. Durante la actual gestión de Javier Milei, se estima que se han perdido alrededor de 300 mil empleos registrados, y según un informe de la consultora Audemus, entre 2023 y 2025 la actividad manufacturera acumuló una caída promedio del 7,9 %, lo que posiciona al país entre los peores desempeños industriales del mundo. Mientras tanto, nuestro vecino Brasil, registró un crecimiento cercano al 3,5 % en el mismo período[1].

En este escenario de desindustrialización, la actividad minera no logra compensar la destrucción de empleo. Se trata de una actividad que, además de generar un volumen relativamente reducido de puestos de trabajo, es altamente tecnificada y suele incorporar mano de obra especializada proveniente del exterior. Para quienes son expulsados del aquel sistema productivo, lo que queda, es la inserción en formas de trabajo precarizadas, como las plataformas digitales, a la que llaman trabajo independiente.

En paralelo a esta profundización del proceso de primarización de la economía —con un tipo de cambio apreciado y una apertura comercial indiscriminada—, se están poniendo en juego territorios y comunidades enteras. No se trata solo de variables numéricas: en este vendaval se están arrasando derechos, es decir, porciones concretas de vida, como un proceso de mutilación humana. Allí están los discapacitados y los ancianos.

Desde esta perspectiva, incluso la corriente utilitarista —aquella que, ante un dilema moral, privilegia el mayor bienestar general— difícilmente podría justificar un modelo como este que combina desindustrialización, es decir desempleo; degradación ambiental, miseria y concentración de la riqueza.

Me interesa señalar aquí, volviendo al inicio del texto, la fuerte relación existente entre ambiente y democracia. Me refiero a la democracia entendida en su dimensión procedimental. Esto es, la atención en las formas mediante las cuales se toman decisiones, sobre contenidos de enorme relevancia, como lo son los recursos naturales, esenciales para la vida humana.

Los asuntos sobre bienes comunes no pueden decidirse de esta manera.

Las últimas leyes discutidas en el Congreso Nacional —incluida aquella que vacía de protección a los glaciares— se debatieron en un edificio vallado, con graves restricciones a la deliberación pública, en algunos casos rompiendo el contrato de mandato entre representantes y representados, y siempre con premura, de espaldas a la Constitución y a la jurisprudencia ambiental consolidada.

Voy al núcleo normativo del problema.

El artículo 41 de la Constitución Nacional exige a la Nación dictar normas de presupuestos mínimos de protección ambiental. Ese mandato se concretó, entre otras normas, en la Ley General del Ambiente (Ley 25.675, año 2002), cuyo artículo 1° establece justamente ese marco protector. En particular, la Ley de Glaciares (Ley 26.639, año 2010) dispone en su artículo 1° que los glaciares y el ambiente periglaciar son bienes de carácter público y los define como:

“Reservas estratégicas de recursos hídricos para el consumo humano; para la agricultura y como proveedores de agua para la recarga de cuencas hidrográficas; para la protección de la biodiversidad; como fuente de información científica y como atractivo turístico”.

Además, en el año  2020 el Estado argentino ratificó, mediante la Ley 27.566, el Acuerdo de Escazú —el primer tratado ambiental de América Latina y el Caribe— que impone obligaciones claras en materia de acceso a la información pública, participación ciudadana y justicia en asuntos ambientales. Esta norma no solo protege el ambiente como bien jurídico, sino que también establece un procedimiento para tomar decisiones sobre ese contenido.

El vaciamiento de los presupuestos mínimos implica dejar un papel en blanco en el escritorio de “quien sabe quién”, aunque algunos ahora lo llamen “provincia”. Si esta modificación prosperara, la protección de los glaciares y del ambiente periglaciar volvería a foja cero, en la medida en que se eliminaría el Inventario Nacional de Glaciares previsto en el artículo 3° de la norma vigente, instrumento técnico –dependiente del CONICET- indispensable para cualquier política seria de protección.

Vamos en contra a la arquitectura constitucional elegida por nuestros constituyentes del 1994. Precisamente para evitar la competencia a la baja en materia ambiental, el constituyente estableció presupuestos mínimos nacionales, como garantías de goce de libertades. Asimismo, entendió en este punto, que cuanto mayor es la cantidad de los sujetos involucrados en la decisión –provincia y nación-, mayor es su imparcialidad, reduciendo el riesgo de captura del Estado por parte de grupos de interés.-También aquellos constituyentes, agregaron el art. 75 inc 19 de la Constitución Nacional que habla de educación, de ciencia, de cultura y de justicia social-.

Por eso la relación entre democracia y ambiente, que no es otra que la relación entre democracia y derecho. Cuando se adoptan decisiones con potencial de no retorno —lo que fundamenta el principio precautorio del derecho ambiental— la forma en que se decide es tan importante como el contenido de lo decidido. Si se restringe la deliberación pública y se debilitan estándares constitucionales, el problema no es solo ambiental: es una decisión antidemocrática y, por su contenido, también inconstitucional.

Frente a esto, sostengo que el derecho debe dirigir la economía, del mismo modo en que la democracia debe secuestrar al capitalismo. Me refiero a un sistema mixto, donde el Estado intervenga activamente en diferentes áreas de la vida social. Hace tiempo superamos la visión de Adam Smith y su concepto de mano invisible, y comprendimos que los mercados presentan fallas estructurales: externalidades, asimetrías de información, competencia imperfecta. Allí donde el mercado falla, el Estado debe estar presente.

En este sentido, resulta interesante recuperar una entrevista disponible en la web de Thomas Piketty, economista Francés dedicado al estudio de la desigualdad, titulada “Estamos en una situación similar a la que llevó a la Revolución Francesa”. Allí sostiene, entre otras cosas, que una parte significativa de la riqueza debe estar socializada; que los movimientos históricos hacia la igualdad han sido largos y conflictivos; que países como Suecia —hoy asociados a altos niveles de bienestar— fueron profundamente desiguales hasta la consolidación de la socialdemocracia; y que los actuales niveles de concentración patrimonial no solo son injustos, sino también económicamente ineficientes.

Piketty dice, por ejemplo, que en España el 50 % de la población posee apenas el 5 % del patrimonio total, mientras que el 10 % concentra alrededor del 50 % de aquel total - y ni hablemos de América Latina-. Esa brecha no es derecho natural: es el resultado de decisiones políticas e institucionales. También advierte que la deuda pública funciona como el impuesto que las clases privilegiadas no pagan; y que con una pequeña fracción de los beneficios de las multinacionales y de los grandes patrimonios, redistribuida globalmente con criterios poblacionales, para inversión en educación y salud, superaría en 10 veces los montos de lo que se hace llamar: ayuda internacional. Nos recuerda que, en tiempos de la Revolución Francesa, la nobleza tampoco quería pagar impuestos.

El mensaje parece claro: los sistemas económicos no cambian por inercia, sino por decisión política.

Las condiciones materiales para una reforma hacia el camino de la igual libertad están dadas.

Solo resta, que colectivamente respondamos aquellas preguntas fundamentales —qué producir, cómo producir y para quién producir—, y avancemos en consecuencia.

Pero ahora, pensemos solo un momento en esto. No podemos destruir nuestros glaciares. No podemos comprometer nuestras reservas de agua.

Si esto ocurre, no solo perderemos ambiente: perderemos derechos, perderemos democracia.

 


martes, 24 de febrero de 2026

Noche de Literatura; Charles Baudelaire.

 


El segundo encuentro de este ciclo lo tuvo al profesor Ezequiel Barchuk exponiendo sobre la figura de Charles Baudelaire. La conversación nos permitió pensar la modernidad y el sujeto inmerso —a la vez que situado por encima— de esos acontecimientos. Se caracterizó la figura del dandy; se desarrolló la idea de una secularización de la belleza; se habló de historia y de revoluciones, y del cambio en las ciudades. Por supuesto, también de su biografía. Se leyeron poemas de El spleen de París y Las flores del mal, y se buscó una definición del simbolismo oponiendo al signo, trayendo a colación las artes plásticas.

La presentación concluyó con la referencia al surrealismo, dejando entrever que allí aparece una nueva etiqueta, un nuevo planteo que, en parte, se sostiene sobre los mismos fundamentos. Todo esto había comenzado en el primer encuentro, con la presentación de Fabián Paredes sobre Alejandra Pizarnik. Su aproximación —atravesada por el psicoanálisis— puso el tema del surrealismo sobre la mesa y nos permitió pensar su influencia en una época y en un lugar determinado: París.

Ahora el ciclo se encamina hacia su cierre con el Mayo Francés también surgido allí. El interrogante que nos guía es si aquel movimiento artístico y literario influyó en ese movimiento social y político. Y si no fue así, la excusa ya está servida. Hablaremos de un movimiento revulsivo, fundado en la libertad individual y la autonomía como condición necesaria para una acción colectiva y soñadora entre personas iguales. Muy pronto.

La primera imagen registra a Ezequiel Barchuk en el uso de la palabra. En paralelo a la disertación se proyectaron pinturas de Odilon Redon (1840–1916), artista simbolista influenciado por las lecturas de Baudelaire.

La jornada fue linda. Hubo muchos encuentros. Faltabas vos.

 










miércoles, 14 de enero de 2026

Una noche para fingir el mundo

 





La noche estaba fresca. Un enero exótico en la ciudad de Posadas. La noche estaba hermosa y su belleza se pasea por los rincones vacíos de la casa. Ya no quedaba más remedio que entregarse con plenitud a la enfermedad del ensueño.

 

El espacio abrió a las 20 horas. En una hora se juntó gente. Veinte personas aproximadamente. Maximiliano llegó con su familia temprano. También las personas que forman parte de esta comunidad que germina. La conversación inició cerca las 21 horas. Ya habían corrido algunos vermut y cervezas frías. Al inicio, como casi siempre, sonó jazz. Algunos llegaron cuando la exposición ya llevaba unos pocos minutos.

El patio estaba húmedo y dado que las proyecciones se realizan en la pared del fondo, no fue posible proyectar la crónica Del bosque al volante, prevista para esa noche (sí se había realizado la semana anterior). El artículo expone, al menos en parte, la magnitud de la extracción de nuestros recursos naturales por parte de un sistema capitalista que avanza en la destrucción del mundo.

La presentación que estuvo a mi cargo, incluyó una breve descripción de la actividad propuesta y del sentido del espacio. Se mencionó la palabra política y la posibilidad de una discusión coyuntural, como la situación que atraviesa Venezuela, luego de la exposición. Se agradeció a Maximiliano Domínguez por la presentación de un tema por demás interesante. “La ficción como construcción del mundo”, es el eje de investigación que desarrolla en sus cursos de posgrados. Maxi, además de ser docente de filosofía por la Universidad Nacional de Rosario, es también escritor y está fuertemente involucrado con la literatura y el arte en general. Este año lo encuentra en el cierre de su primera novela.

Se calló la música y comenzó. La noche estaba brillante. Mención a Platón; la idea, la mesa, el lenguaje. Lo real, lo falso. Lecturas de fragmentos del texto de Nietzsche “Sobre verdad y mentira en sentido extramoral”; la necesidad de la ficción como forma de conservación del individuo. La libertad de la interpretación y la construcción de la realidad. Macedonio Fernández y su libro de prólogos, “Museo de la novela de la Eterna”; el ensueño, la imaginación, la fantasía y la construcción del mundo. Mención a Borges y “Ficciones”; fingir, el uso de la máscara, la mentira. Finalmente Harari y su libro “De animales a dioses”; el chisme como vehículo y fundamento.

Se compartieron reflexiones en torno a la idea de que hoy estamos inmersos en una ficción que ya no apunta a la conservación de lo humano, sino a su destrucción. Una ficción estrechamente ligada a las formas contemporáneas de comunicación y al uso del lenguaje. Una cultura homogeneizante que prioriza la violencia y el odio, el goce y la crueldad. Una lógica de división fragmentaria que conduce a la desafección de lo público y lo colectivo, y que nos interpela —nos exige— a hacerle frente desde los planos políticos, sociales y culturales.

Hacia el final, se señaló que la actividad formaba parte de un proyecto de extensión de la FHyCS de la UNaM y que, de algún modo, vinculaba a la UNR con la UNaM. En tiempos en los que se ponen en discusión la cultura, la educación y la ciencia, lo que se estaba desarrollando era —también— un acto de rebeldía, con la universidad pública ocupando un lugar central.

En simultáneo, el artista Dan Schmidt, junto a @noeliaaurbn, cerraron cerca de la una de la mañana la obra de arte abstracto realizada en acrílico sobre lienzo (70 × 50 cm). La pieza había sido iniciada el sábado 3 y fue concebida a partir de un proceso creativo compartido, que articula la intensidad gestual del action painting con los principios estructurales del neoplasticismo. Desde el espacio se trabajará en la gestión de su circulación hacia otros horizontes territoriales.





Agradecimientos:

A la presencia de Javier Gortari;

A @valdemaarr._ por su musica;

A Lucrecia por el bastidor y su predisposición.


A vos...




Escrito y fotografía: Lino Armando Lopez Torres
Espacio LT


sábado, 3 de mayo de 2025

Deuda, dominación y ceguera democrática

Del ajuste al endeudamiento: la continuidad de un modelo que posterga la soberanía. 





¿De qué sirvió la motosierra, ajustarnos, el recorte del gasto público? ¿Dónde están las inversiones, o el camino hacia ellas, el trabajo? La inflación del mes de marzo ha aumentado, aunque creíamos que, con la amputación vivida, ya no volvería. En esa relación, los sueldos y las jubilaciones descendieron; pero, a pesar de todo, la nación Argentina en el mes de abril vuelve a pedir prestado al Fondo Monetario Internacional. Estas, son algunas de las declaraciones que circulan dentro del arco opositor.

Cuando hablan los técnicos, la probabilidad de confusión es grande. Gino Germani expone la paradoja de la democracia: la situación de ignorancia en la que se encuentra el ciudadano común respecto a la solución de los problemas de la política económica y financiera lo coloca en una condición de ceguera. Si la revolución democrática consistía en quitarle la venda al pueblo para que llegara a la luz, lo cierto es que la mayoría sigue con la venda puesta. Así, la acción de gobierno queda confiada a quienes “saben”, a los técnicos, a los expertos, sin posibilidad de control alguno. 

Ante esto, me interesa escribir sobre la deuda de la forma más clara posible, dirigida a lo que el sociólogo Alfred Schutz llamaría el ciudadano bien informado: un tipo ideal que se encuentra entre el experto y el hombre común. Para ello, me apoyaré principalmente en un artículo de Rodolfo Terragno, titulado “Deuda. El que toma prestado es siervo del que presta”, incluido en su libro Memorias del presente (1985). En ese texto se desprende una idea simple, si una nación necesita pedir prestado, hay una alta presunción de que algo no anda bien.

El autor inicia su análisis citando un proverbio bíblico: "El rico señorea sobre el pobre, y el que toma prestado es siervo del que presta". En un contexto de extrema desigualdad mundial, se vuelve sencillo determinar quién presta y quién pide.

Terragno continúa señalando que el sistema económico internacional ha entendido muy bien el mensaje de Dios: el prestamista domina al prestatario, inyectando dinero en los "pueblos elegidos" y sembrando necesidad en los "pueblos condenados".

Celso Furtado, economista brasileño citado por Terragno, sostiene que en el mundo existen dos tipos de naciones: las centrales (elegidas) y las periféricas (malditas). En su opinión, el endeudamiento de los países periféricos fue el instrumento que permitió la "transnacionalización de la economía", un objetivo estratégico de las grandes corporaciones. Esta estrategia buscaba homogeneizar los mercados nacionales, generando deseos de consumo similares entre poblaciones distintas, para luego dominarlas a través de productos idénticos. Es un resumen de la globalización. 

Permítanme el siguiente agregado. Beatriz Sarlo, en Escenas de la vida posmoderna (1994), señala que en oposición al paisaje tradicional del centro de la ciudad con todas sus extremidades, el “shopping” se presenta como una cápsula espacial diseñada por la estética del mercado. Según Sarlo, todos los shoppings son, en algún punto, idénticos: las mercancías refuerzan la uniformidad de un espacio sin cualidad. Así, si uno descendiera de Júpiter, solo el papel moneda y la lengua de vendedores, compradores y mirones permitirían identificar en qué país se encuentra.

Dado que las naciones periféricas contaban con estructuras productivas débiles y rezagadas, y con mercados internos de escasa capacidad para asimilar esos hábitos de consumo propios de los países desarrollados, la única forma de hacer viable la expansión fue, por un lado, inyectar dinero en sus economías, y por otro, promover la concentración de la renta en un sector reducido de la población. De este modo, se creó un microclima económico donde sí era posible reproducir patrones de consumo ilimitado, necesarios para la rápida expansión de las corporaciones.

Este modelo de (mal) desarrollo, injertado en las economías de los países periféricos, provoco nuevos desequilibrios. En la misma línea, Prebisch, en el primer informe de la CEPAL sobre “Los principales problemas de América Latina”, deja sentado su teoría en la que sugiere que el comercio internacional se organiza en torno a un intercambio que es desigual entre una periferia – países que se especializan en la extracción- y un centro – países que exportan bienes manufacturados-. En el tiempo, dice Prebisch, los precios de la materia prima disminuyen en relación a los precios de los bienes manufacturados; ello lleva a la necesidad por parte de los países periféricos a exportar más para mantener la misma cantidad de bienes importados, o a pedir prestado, muchas veces – a los fines de adquirir tecnología y maquinaria- para exportar más. Falta de industrialización, por una dedicación a la extracción, a su vez, por una necesidad en la recaudación. De cualquier forma, las elecciones son problemáticas.

Actualmente, el crédito es la preferencia ante cualquier alternativa que desarticule el orden económico internacional, y los acreedores, a pesar de sus lamentaciones, quieren seguir prestando. Lo que en verdad desean es seguir dominando.

Si bien el análisis hecho puede parecer generalizador, Furtado no niega la complejidad del asunto de la deuda latinoamericana. No obstante, destaca que el proceso de “internacionalización” y “endeudamiento” ha ocurrido tanto en economías en crecimiento como en otras que no, tanto en países importadores de petróleo (Brasil) como exportadores (Venezuela). Lo que si se repite es la existencia, en cada país deudor, de una “casta” asociada al acreedor. 

“Los Argentinos ya nos dimos cuenta que es imposible hacer una Argentina distinta con los mismos de siempre”; era una frase de campaña del año 2023. Sin embargo, detrás de esa frase venia el actual Ministro de Economía, que hoy nos insta a creer que, a pesar de repetir las mismas recetas, esta vez todo será distinto.  Como dijo Einstein: “Tonto es aquel que haciendo siempre lo mismo, espera resultados diferentes”. 

La casta a la que se refiere Terragno no solo intercambia favores y comisiones. También pertenece a una poderosa herejía que afirma que el rico debe señorear sobre el pobre, y unas naciones dominar a otras. Para eso, necesitan unidad entre los dominadores y división entre los dominados. Nunca dejo de recordar una frase de Zygmunt Bauman, en su libro La cultura en el mundo de la modernidad líquida (2013): "Cuando los pobres se pelean con los pobres, los ricos tienen todas las razones para frotarse las manos con alegría".

Los prestamistas actúan como si sus créditos fueran una bendición, y se indignan ante la “ingratitud” de los deudores. Pero el problema ya no es solo económico. Es político. Se trata de soberanía, uno de los conceptos fundantes de cualquier manual de ciencia política. Los gobiernos endeudados aplican políticas recesivas dictadas desde el extranjero, que afectan directamente la calidad de vida de su población. Ese, nos dicen, es el precio del “rescate”.

Hace unos días, la titular del Fondo Monetario Internacional, Kristalina Georgieva, sugirió que los argentinos deberían votar por el oficialismo en las próximas elecciones legislativas. El nivel de ceguera democrática en el que estamos sumidos nos lleva a aceptar que alguien que nada sabe de nuestra nación, escudado en su saber técnico y con evidentes intereses geopolíticos, nos diga qué rumbo tomar.

Permítanme cerrar con un fragmento de la novela Ensayo sobre la lucidez, de José Saramago. En una conversación entre el Ministro del Interior y el Alcalde, tras unas elecciones en la ciudad en las que triunfa el voto en blanco, el Ministro pregunta: ¿Qué piensa entonces que deberíamos hacer?  Nada.  Por favor, querido Alcalde, no se le puede pedir a un gobierno que no haga nada en una situación como esta.  Permitame que le diga que en una situación como esta, un gobierno no gobierna, solo parece gobernar.


Link del diario: aquí

 

 

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 1 de diciembre de 2024

La rotura de lo real es más real que lo real






Para tener deseos de acercarse, primero hay que alejarse.

No se puede hacer eso en una sociedad en la que nadie se desconecta.

 

 

En el canal de televisión Ciudad Magazine, Javier Milei, actual presidente argentino, intentó demostrar que es más alto que su eventual novia: Yuyito González. De pie junto a ella, afirmó: “Para que vea la diferencia, señora, le llevo más de cinco centímetros”. Entre los comentarios del video en redes, destaco uno de “soledad1891”, que escribe: “¡Único! 🥰 Un capo, habla como cualquier argentino, re sencillo”.

Este episodio invita a reflexionar a través de lecturas como las del sociólogo italiano Giuliano Da Empoli, cuyas ideas parecen cobrar vida en nuestra realidad social y política. Hace unas semanas leí su ensayo publicado en Nueva Sociedad, titulado “Waldo a la conquista del planeta. Rabia, política y algoritmo”, un extracto de su libro: Los ingenieros del caos.

El texto comienza con una descripción breve del personaje animado llamado Waldo, protagonista de uno de los capítulos (temporada 2; cap. 3) de la serie británica denominada Black Mirror (espejo negro en español). Este oso azul computarizado se gana al público gracias a su humor ácido y chistes de mal gusto. La popularidad del personaje lleva a una pregunta clave: ¿y si es tan querido, por qué no postularse a elecciones? Da Empoli sugiere que esta ficción explica los fenómenos políticos actuales con mayor claridad que muchos ensayos de sociología. Aunque recomiendo ver el episodio, resumiré su desenlace:

En una megalópolis futurista, un grupo de fuerzas de seguridad golpea a vagabundos que duermen bajo un puente. Entre ellos está Jaime -un treintañero frustrado-, creador de Waldo y figura central del relato. Poco después, Jaime se detiene frente a una pantalla gigante que muestra imágenes de Waldo dominando el planeta: gigantografías, aviones militares con su nombre, escolares con uniformes del color de Waldo. Un nuevo eslogan de poder había tomado el mundo. Lo que comenzó como una sátira antisistema se ha transformado en el nuevo sistema. La distopía se ha hecho carne; la furia, el resentimiento y la paranoia son ahora la norma.

Da Empoli cita a Peter Sloterdijk y su libro Ira y tiempo (2006), donde se analiza la historia política de la ira. Sloterdijk sostiene que a lo largo de las sociedades, un sentimiento irreprimible ha recorrido a quienes, que con razón o no, se sienten perjudicados o abandonados. Durante siglos, la religión canalizó esta rabia acumulada, seguida, hacia finales del siglo XIX, por los partidos políticos, especialmente los de izquierda. Su función consistía en acumular las energías de indignación, que en vez de liberarse al “instante”, podían destinarse a construir un proyecto más ambicioso y sustentable. Así, las emociones no derivarían en episodios “individuales”, sino que se pondrían al servicio de un plan general, en donde el perdedor se convierte en activista y su ira encuentra una salida política.

 

Sin embargo, Sloterdijk observa que ni la iglesia católica, que fracasó con su idea del juicio final por una sociedad con individuos que poco le interesa trascender y se limitan únicamente a vivir el “aquí y ahora”, ni los partidos políticos en general, que en su momento han sabido ser correas transmisoras de demandas ciudadanas, pero hoy parecen centrados en agendas propias como si fueran islas soberanas, logran contener la cólera acumulada por la población.

La consecuencia es, una ira que se expresa de manera cada vez más desorganizada, desde los inicios del siglo XXI. Pero hoy, después de casi veinte años de aquella publicación del filósofo alemán, el autor del Mago del Kremlin, nos hace notar, con evidencia empírica, que esa indignación se organizó detrás de  figuras populistas que ocupan la escena política de sus países, cada vez, cada día, en mayor medida. Los ejemplos abundan; EE. UU con Trump, Marilen De Pen en Francia, Víctor Orban en Hungría; los casos repetidos en América Latina.  

Fernando Savater, en su libro Política de urgencia, explica sencillamente, que el populismo es la democracia de los ignorantes; pero también de los decepcionados. Es el sueño de un sistema instantáneo en el que la voluntad generosa del pueblo se realiza por un líder cuasi mesiánico sin interferencia alguna. El punto es, aclara el autor, que justamente esa interferencia, que no es más que procedimiento -derecho y garantía-, es lo que constituye al sistema democrático.

El ensayo del italiano destaca un punto en común entre los movimientos populistas extremos, pese a sus muchas diferencias: su bandera principal es castigar a las élites políticas tradicionales, sean de izquierda o de derecha. Estas son acusadas, con argumentos que parecen válidos, de traicionar el mandato popular y favorecer los intereses de una minoría enquistada en el Estado. Sin embargo, lo más revelador del análisis es su advertencia de que figuras como Waldo, Trump o Bolsonaro no habrían surgido sin una condición material que permitiera a los nuevos populistas construir y sostener sus reivindicaciones.

Un pequeño dispositivo que llevamos en el bolsillo nos ofrece acceso instantáneo a todas las respuestas del mundo, impactándonos de manera inevitable y profunda. La inmediatez con la que satisface cada uno de nuestros deseos ha cultivado en nosotros una impaciencia legítima, en donde ya nadie está dispuesto a esperar. Como dice Sabina, "La sala de espera es sin esperanza"; y Luca Prodan lo resumió con su famosa frase: "No sé lo que quiero, pero lo quiero ya". Este fenómeno se conecta con el análisis de Jonathan Haidt en La generación ansiosa, en donde expone en su introducción, el riesgo de las redes sociales para los niños/as y adolescentes por una lentitud en la maduración de una parte del cerebro que se encarga de decir no a la tentación.  

Entonces, si la sociedad se comporta de tal forma, ¿porque la política debería ser distinta?, si en todo caso, en un sistema representativo, los que mandan son nuestros mandados, aquellos a quienes nosotros los hemos mandado a mandar.

La rabia, tiene su raíz en la impotencia y en la ansiedad desmesurada por obtener la aprobación de los demás, motivada por el temor a llevar una vida considerada inadecuada. Según los psicólogos, este estado de ánimo se representa con la figura del adolescente. Sin embargo, el problema actual radica en que las redes sociales nos convierten a todos en adolescentes perpetuos, atrapados en una habitación virtual que intensifica nuestra frustración. Observamos la mediocridad de nuestras vidas frente a las posibilidades aparentemente al alcance de la mano, pero reducidas a un aparato de color.

 

Giuliano Da Empoli, afirma que, en estos tiempos, la moneda corriente es la formulación y recepción de teorías conspirativas, ya que ofrecen, al fin y al cabo, una respuesta al indignado permitiendo justificar su ira. Un solo ejemplo de esto en nuestro país, es la idea recurrente del lawfere. Una idea tan absurda que llevaría a creer que una cierta elite –política, judicial, empresarial- se puso de acuerdo para acallar a los máximos líderes populares de nuestra región; que “claro”, paradójicamente no forman parte de esa elite.  Aunque las redes sociales no conspiran por sí mismas, sí son el mejor soporte para que aquello funcione, al fomentar emociones intensas, causantes de más clics y de usuarios pegados a la pantalla, como yonquis pegados a la heroína.

Un informe del Instituto Tecnológico de Massachusetts revela que una noticia falsa tiene un 70% más de probabilidades de ser compartida en internet que una verdadera, debido a su capacidad de captar la atención con mensajes peculiares. Esto refleja una inseguridad individual que busca reconocimiento social y una ira que se libera en la esfera virtual, pero con consecuencia en la vida real. Un ejemplo de ello es el movimiento de los chalecos amarillos en Francia, que adoptó su identidad tras el impacto de un vídeo publicado en Facebook por un joven mecánico con ese atuendo. En cuestión de días, el video acumuló más de cinco millones de visualizaciones.

El ensayo concluye que Waldo es una traducción política de las redes sociales: una máquina alimentada por la rabia, cuya única misión es responder a las emociones de sus simpatizantes. No propone ideas nuevas ni soluciones, solo repite lo que la gente piensa en el lenguaje que esta misma utiliza. Si las élites consideran esto ofensivo, mejor aún, porque refuerza su desconexión con el pueblo, que Waldo encarna perfectamente. En una sociedad donde la vulgaridad y los insultos personales ya no son tabú, Waldo resulta una consecuencia lógica. La premisa socrática de que todos revelan inteligencia cuando se les trata como tal parece haberse derrumbado, dejando espacio para la imbecilidad humana.

¿Cambio?

El español Antonio Sola, conocido como "el creador de presidentes", plantea una idea esperanzadora: una tercera vía que escapa de los extremos polarizantes tan habituales en el panorama político. Sola, describe al nuevo líder como una figura con valores asociados a lo femenino, aunque no necesariamente sea una mujer. Esta figura se destacaría por su capacidad de mostrar afecto y empatía, cualidades que, tras la pandemia, cobraron especial relevancia. La crisis sanitaria evidencia la importancia de las tareas de cuidado, un rol tradicionalmente asumidas por mujeres, quienes representan el 70% del personal sanitario a nivel mundial. Así se consolida un paradigma de los cuidados, que abarca respeto, amabilidad, tolerancia, colaboración y una conexión profunda con los cuerpos humanos y territoriales, estableciendo una analogía entre la tierra y la mujer.

Sola advierte que el marketing político, cuando impulsa imágenes de líderes vacíos de estos valores, termina por crear "monstruos". Esta corriente guarda cierta semejanza con las ideas de Stéphane Hessel y Edgar Morin en su libro: El camino de la esperanza, donde reivindican la solidaridad y el rescate de saberes y destrezas tradicionales. Este planteamiento también parece dialogar con las culturas originarias, cuya visión no civilizatoria (en términos de los neoamericanos) resalta formas de vida más armónicas.

Ante todo aquello deberíamos reflexionar sobre nuestra relación con la propiedad privada. Si bien podríamos discutir sobre los medios de producción, la propiedad de uso personal debe respetarse como parte esencial de la autodeterminación de la vida moderna. Modernidad que no nos permitiría echarnos hacia atrás, aunque si lo hiciere, ese retorno a la tradición también sería moderno por una voluntad que es libre y racional. 

Pero toda esto está por verse. Mientras tanto, el presidente de la nación argentina se mide la estura en un programa de televisión con la supuesta primera dama para hablar de esto y no de que es un gobierno, a estas alturas, antidemocrático e inconstitucional (art. 18, 37, 41, 43, 75 inc. 17, inc. 19, inc. 22, inc. 23, 99 inc. 2 y 3)

En estos tiempos, la rotura de lo real es más real que lo real.

 

Link al diario: El Gobierno Argentina: https://iky.b07.myftpupload.com/politica/la-rotura-de-lo-real-es-mas-real-que-lo-real/ 

domingo, 25 de agosto de 2024

Derecho: acceso, expresión y memoria.




Primero, comencemos con la idea del derecho de petición. Este derecho es esencial para que los ciudadanos puedan solicitar información y exigir transparencia en la gestión pública. La publicidad de los actos de gobierno no debe limitarse a lo que las autoridades quieren mostrar, sino que debe enfocarse en lo que los ciudadanos desean ver. Para acceder a la información que no es mostrada voluntariamente por las autoridades, es fundamental tener la facultad de pedirla, y esto se garantiza a través de este derecho de petición. Esto, implica un control ciudadano (exógeno) y orienta la política pública, la cual, como bien sabemos, debe basarse en evidencia, argumentos sólidos y una aceptación mayoritaria en la esfera pública.


La publicidad de los actos de gobierno no debe limitarse a lo que las autoridades quieren mostrar, sino que debe enfocarse en lo que los ciudadanos desean ver.


Montes de Oca, un jurista argentino –conservador- de principios del siglo XX, afirmaba que en un estado de derecho, el derecho de petición es casi absoluto y de los más amplios, estableciendo una relación directa con el derecho a la libertad de expresión. Según Montes de Oca, la única restricción a su garantía radica en la forma, que debe satisfacer la autenticidad, como en el caso de un pedido formal de acceso a la información pública, donde los documentos deben contener firmas auténticas. Además, se debe considerar el fondo, es decir, que la petición se refiera a un interés público, entendido como aquel hecho que afecta directa o potencialmente a toda la sociedad.

Siguiendo con la idea de la petición como causal del derecho de acceso a la información pública, es importante mencionar también el derecho a la protesta como otra causal (art. 14 CN.). Aunque similar, en este caso la restricción recae más en el fondo que en la forma. En el fallo "New York Times vs. Sullivan" de 1965 en Estados Unidos, se amplió el concepto de foro público robusto, poniendo el énfasis en garantizar la libertad de expresión, independientemente del contenido del mensaje. En otras palabras, el derecho a la libertad de expresión protege la expresión en sí, no su veracidad, ya que incluso la mentira puede ser útil para el debate público. Sin embargo, se subraya nuevamente que el fondo debe estar relacionado con un interés público.

Esto nos lleva al concepto de patrimonio cultural, que, como es evidente, es algo que nos interesa a todos/as. En el Código Civil, en su art. 240, se conoce como bienes y derechos de incidencia colectiva. Si analizamos esto desde una perspectiva trialista, observamos el hecho -la conducta humana-, la norma y el valor subyacente. El valor que sustenta este concepto es la herencia de un pueblo, lo que impulsa su conservación. Esta conservación se refiere no solo a los objetos o bienes tangibles, sino también a un paisaje cultural intangible. Por lo tanto, el patrimonio cultural es un subnivel del derecho al paisaje, una terminología que se menciona en el Código, en la carta orgánica de la ciudad de Posadas y en diversas ordenanzas.


...el patrimonio cultural es un subnivel del derecho al paisaje...


Retomando la idea de herencia, surge la noción de memoria; el derecho a la memoria. Como señala Gaston Bachelard, citado por Sebreli en "De Buenos Aires y su gente", la memoria no se rige por tiempos, sino por espacios. No recordamos el pasado de manera cronológica, sino que asociamos recuerdos a lugares específicos. Cuando un lugar desaparece, también lo hace el acontecimiento asociado en nuestra memoria, lo que vulnera el derecho a la identidad, tanto individual como colectiva, ante un progresismo demasiado adherido a lo nuevo. Sin identidad no hay reconocimiento, y sin reconocimiento no hay dignidad, entendida esta última desde el ideal de los principios de la Revolución Francesa.

De esta manera, el patrimonio cultural transciende el encasillamiento clásico a ser solo un derecho cultural (un derecho de tercera y hasta de cuarta categoría según la presentación tradicional), para pasar a ser también un derecho político. Así, el principio de dignidad moral –asimilado a los derechos políticos- es el primero, en tanto nos abre la puerta de la sociedad y nos permite entrar en la deliberación pública. Es allí, donde podemos decir que "no" o podemos decir que "sí". Esa decisión es lo que me identifica. La condición de nuestra postura será la definición de nuestra personalidad, pero no podemos tener personalidad sin memoria. Sin memoria, estamos perdidos, como un pescador al que le han sacado el rio.


...el patrimonio cultural trasciende el encasillamiento clásico a ser solo un derecho cultural para pasar a ser también un derecho político.


Finalmente, el hombre es, a la vez, obra y artífice del medio que lo rodea, ya que, como diría Mounier, la persona es la única realidad que podemos conocer y que, al mismo tiempo, hacemos desde adentro. 

 

 

martes, 18 de junio de 2024

El mismo espiral.



Red de lucha socioambientales de Salta


Como país estamos atravesando una situación por de más preocupante. En realidad, es el mismo espiral con un olor distinto. Tenemos un gobierno nacional que, lamentablemente para todos nosotros, desconoce cuáles son los cimientos de nuestro sistema constitucional y democrático. Bajo su prédica -vacía de contenido-, aludiendo a la vida, a la libertad, y a la seguridad, ha suprimido todo resto, destruyendo así una edificación –la modernidad abismal- que no se sostiene con un solo pilar.

El presidente actual se cree dueño de la nación y nos avergüenza por todo el mundo. Es como el padre que desatiende la autonomía de su hijo, y por ello lo avergüenza. Nuestro primer mandatario desautoriza a líderes nacionales en su propio territorio, burlándose grotescamente de sus instituciones, es decir, de su cultura. Niega nuestros compromisos internacionales en materia de derechos humanos, y nos insulta de lejos, llamándonos zurdos –despectivamente-, solo por no estar de acuerdo. Nadie le autorizo a eso, señor. No tiene derecho hacer lo que quiera impunemente y a su antojo, señor. Nuestra república no es un reinado, y no se admiten prerrogativas de sangre, ni de nacimiento. No hay fueros personales ni de nobleza. (art.16 CN). Por el contrario, se le imponen obligaciones, como la de pedir permiso al congreso para ausentarse del país (art. 75. Inc. 18).  Y mucho más, el cumplimiento de sus promesas[1].

Nos dijeron que venían para terminar con la casta y resulta ser, que no solo hacen política, con y por la casta, sino que peor aún, disfrazan la política con delitos de cohecho y tráfico de influencia, como lo sucedido con la senadora Neuquina; violando además la ley de ética pública. Todo en los populistas es extremo; ellos no conocen el centro. Ya lo vivimos con cierto Kirchnerismo.

Ante el ejercicio constitucional de protestas recientes por la ley bases, la fuerzas de seguridad nacional han detenido a más de una decena de personas que no han ejercido acto alguno de violencia –según varias fuentes-, imputándolos de delitos contra el orden constitucional y la vida democrática, convirtiéndolos en terroristas bajo un supuesto intento de golpe de estado. Lo sorprendente de esto es que nuestro representante de estado, semanas atrás, había dicho ser un topo cuya función era destruir al estado desde adentro. ¿No será eso un golpe de estado? Es una locura, pero ¿un golpe de estado en estos tiempos donde la democracia ya no sucumbe de afuera sino de adentro? ¿No tendremos derechos los ciudadanos a resistir esos actos tal como lo expresa el art. 29 de la CN?

Mientras sigue este show, que ya dejo de atraer hace rato, en el boletín oficial el 10 de junio salió la Resolución 499/2024 del Ministerio de Seguridad Nacional, que permite blindar a los territorios del extractivismo ante cualquier resistencia social. Celebran empresas mineras como Elevado Gold, que violan el territorio ancestral de pueblos indígenas protegidos por nuestra constitución nacional (75. Inc. 17) en la provincia de Catamarca[2]. Otra vez, la brutal ignorancia y mala educación. 




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lunes, 13 de mayo de 2024

Derecho y Democracia.



 

“Puedo sentir mi corazón y juzgar que existe. Puedo tocar este mundo y juzgar también que existe. Ahí termina toda mi ciencia y lo demás es construcción. Pues si trato de captar ese yo del cual me aseguro, si trato de definirlo y resumirlo, ya no es sino agua que corre entre mis dedos.”

El mito de Sísifo. Albert Camus.

 

 

INTRODUCCION. -

En este breve texto, me propongo trazar un esbozo de la relación entre democracia y derecho, partiendo de un enfoque histórico. Mi objetivo es responder a la pregunta: ¿qué surgió primero, la democracia o el derecho? Para ello, llevaré la discusión al terreno de la relación entre individuo y sociedad, así como entre derecho subjetivo y objetivo, y entre derecho civil y derecho político. Explorar esta interrelación nos permitirá comprender mejor cómo se han desarrollado estas instituciones a lo largo del tiempo y cómo se influyen mutuamente en la configuración de las sociedades.

DESARROLLO. -

Se argumenta que en el mundo antiguo[1] oriental la noción de libertad era desconocida, refiriéndose específicamente a una libertad "institucionalizada" y organizada socialmente, es decir, la libertad "política". En los vastos imperios de la antigüedad, predominaba el despotismo; las extensas extensiones de tierra, junto con la falta de medios de control, requerían una intensificación de las atribuciones del gobernante. (Ayala, F. 1951).

Grecia, por otro lado, representa el primer experimento de organización política en el que se permite la participación ciudadana para la toma de decisiones dentro de la polis o estado-ciudad, que a su vez se caracterizaba por ser un territorio de dimensiones reducidas. Sin embargo, en el contexto del mundo antiguo, no se reconocía a la persona como un sujeto con derechos "frente al" Estado. Para los griegos, los derechos de un individuo estaban condicionados a su “pertenencia al” Estado o a la organización política. De esta concepción se deriva la célebre frase aristotélica: "El hombre es un animal político, y si viviera solo en el mundo, sería o un dios o un demonio".

Mas allá del entendimiento que se tenía de la “dignidad humana” en aquel entonces, como se refleja en el antiguo testamento con la afirmación: “El hombre ha sido creado a semejanza de Dios”; es importante entender al sistema político griego como un sistema “totalitario” -una ciudad que envuelve totalmente al individuo en el ámbito público- aunque no “autoritario” por la forma en el ejercicio del poder.   

En contraste con lo representado en la “ilustración” del siglo XVIII, donde se destaca un contexto particular, en la antigua Grecia se forjaba una noción distinta de libertad política. En las polis griegas, la libertad política implicaba el derecho a participar “directamente” en los asuntos públicos, aunque se dejaba de lado la idea de “libertad civil” -sobre todo bajo la premisa del derecho a ser dejado solo- y una esfera de vida privada e íntima. De hecho, el epicentro de la vida griega residía en la plaza pública más que en el hogar.

Por otro lado, la noción de libertad civil, entendida como la afirmación de la "individualidad" frente al poder del Estado o la comunidad política, fue refinada durante la Ilustración como una medida de protección contra el poder monárquico predominante en ese momento. En este contexto, se buscaba resguardar al individuo de posibles abusos de poder estatal, una preocupación que ni siquiera existía en la antigua Grecia, como señala Del Vechio al expresar que el Estado Griego no tenía límites a su actividad y podía regular hasta los detalles más pequeños de la vida. (Bidart Campos, G. 1970).

 

Comenzaremos a notar que mi análisis parte desde la perspectiva del derecho como derecho "subjetivo", pero también como derecho “civil”, concebido desde una mirada moderna, con el objetivo de establecer que la democracia, como sistema de gobierno, precedió cronológicamente al desarrollo del derecho. Esto implica también que los derechos políticos -derecho al reconocimiento- tuvieron prioridad sobre los civiles en su evolución.   

En la antigua Grecia, se estableció una forma de democracia directa, sin intermediarios y basada en la igualdad, aunque con ciertas reservas -mujeres, esclavos, extranjeros-. Posteriormente, el período helenístico sucedió a la era de las polis y destacó la cultura individual más allá de la comunidad, manifestada en el individualismo y el universalismo.

Los estoicos, en etapas posteriores, introdujeron la noción de un orden natural y cósmico que debe ser respetado, lo que marca uno de los primeros indicios del derecho natural. Este derecho natural se presenta como inmutable en contraposición al derecho positivo y las convenciones, que se establecen y evolucionan junto con las culturas.

En Roma, evoluciona la idea del derecho natural expuesta por Cicerón, quien proclamó que "la libertad no consiste en tener un buen amo sino en no tenerlo", y resaltó la importancia de la gratitud. Cicerón presentó la justicia como un absoluto y defendió la igualdad de todos los seres humanos.

El cristianismo desempeñó un papel fundamental en la formación de la noción de persona y de “derechos subjetivos” en este contexto. La ideología cristiana se centró en la comprensión de que, para transformar la sociedad, primero era necesario que el individuo cambiara internamente, ya que las sociedades surgían de las personas. Su enfoque se dirigía hacia lo interno en lugar de lo externo.

En este sentido, la frase de Cristo: "Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios" fundamenta el derecho a la intimidad, la privacidad y la espiritualidad, siempre y cuando no interfiera con los derechos de otros, momento en el cual se convierte en un asunto político. Esta idea sienta las bases del artículo 19 de la Constitución Nacional Argentina.

Otro aspecto relevante es la noción de igualdad, establecida como un principio bajo la premisa de que todos somos hijos de Dios, eliminando así la relevancia de las diferencias secundarias. Ya no importa la raza, el sexo, ni el estatus de libertad o esclavitud. Los derechos humanos encuentran, muchos años después, un fundamento sólido para su “principio de igualdad y no discriminación”, como se establece en el artículo 2 de la Declaración Universal de Derechos Humanos.Principio del formulario

 

Anteriormente, mencioné la Ilustración y los derechos de las personas frente al Estado. Ahora, abordaré brevemente las consecuencias de elegir entre derechos “creados” por el Estado o derechos “reconocidos” por este.

Si consideramos primero, el surgimiento de derechos subjetivos por encima de los derechos objetivos -digamos el ordenamiento jurídico-, la organización política, es decir, el Estado, solo podría reconocer esos derechos. Sin embargo, si la secuencia es al revés, el Estado podría suprimir esos derechos, ya que el mismo fue quien los creó, y, por tanto, antes de ello no existían. Esta discusión se expande a la relación entre individuo y sociedad.

Según Hobbes, Locke y Rousseau, todos ellos autores contractualistas, su idea de contrato implica que los individuos ceden sus “derechos naturales” (estado de naturaleza o pre social) a través de un pacto voluntario creando así el Estado (estado social), para que luego este les devuelva nuevamente esos derechos transformados en “derechos civiles”. Aquí se destaca la supremacía del “individuo” sobre la “sociedad”, en contraste con la concepción clásica griega del zoon politikon, que sostiene que el hombre es un animal político por naturaleza.

 

CONCLUSION. -

En conclusión, entiendo que, desde nuestra tradición moderna, y desde la perspectiva que he tomado para responder la pregunta: ¿que surgió primero, la democracia o el derecho?, respondería que la democracia surgió primero por aparecer está en Grecia, en tanto la segunda -entendida como derecho subjetivo y civil- toma forma en el periodo de la ilustración.

La respuesta a tal pregunta no es absoluta y cambiaria dependiendo el tiempo y el espacio donde uno se situé, que perspectiva de análisis utilice- es decir por qué ventana mire- y que definición le dé a cada una de esas palabras. 

 

BIBLIOGRAFIA. –

Ayala, Francisco. (1951). “Historia de la libertad”. Ed. Atlántida

Bidart Campos, G. (1970). “Manual de historia política”. Ed. Ediar.



[1] Abarcando desde el origen de la humanidad hasta el siglo V d.C. 


Articulos.