domingo, 16 de agosto de 2026

Derecho y a la izquierda

La necesidad de tener una postura política de izquierda -desde la tierra colorada-.



En Misiones están pasando muchas cosas.

Al inicio del mes de agosto se conocieron las renuncias en papel blanco por parte de legisladores provinciales, al tiempo de asumir sus cargos. Esta práctica nos transmite una perplejidad asombrosa. En una sociedad donde la democracia como sistema representativo agoniza, el acontecimiento certifica su defunción. El asunto es tan grave, tanto por quien les hacía firmar, como por aquellos que las firmaron. Hay que decirlo; en el medio pueden aparecer una serie de delitos: (1) contra la libertad, (2) la administración y (3) la fe pública. Asimismo, cae de maduro la pregunta: ¿qué se está esperando para hacer denuncias formales por parte de sujetos que tienen la obligación de hacerlo por el rol que ocupan? Silencio.

El jurista alemán, Carl Schmitt, entendía lo político como un ámbito autónomo, separado -ej.- de lo moral o lo estético. Así, si la moral se ocupa de la distinción de lo bueno y lo malo, y la estética de lo bello y feo; la política haría la distinción de amigo y enemigo. Entonces, la versión –de algunos medios de comunicación- de que es el mismo defenestrado quien busca su propia defenestración para aglutinar —sobre todo— a los intendentes bajo la figura del nuevo conductor, con esa fuerza que nace de un enemigo en común, no suena del todo exagerada. En política, la construcción de un adversario común también puede convertirse en una forma de reorganizar el poder

La Libertad Avanza venía sumando fuerzas a nivel provincial, impulsada por las últimas elecciones de medio término, donde su performance fue superior a la de la Renovación por más del 5%. La renovación gobierna la provincia hace más de 20 años, aplicando lo que algunos politólogos denominan el efecto de cancha inclinada. Quizás el tiempo llevo a la necesidad de mostrar una nueva ola, y el año pasado, apoyo las candidaturas de las figuras más jóvenes del partido. Eso no funciono y pasó de la Neo Renovación a Encuentro Misionero a principios de este año, un eslogan que terminó por disolverse en un acorde y un vaso de vino. Ahora, el nuevo espacio político se denomina «Movimiento por lo que Viene», y queda buscar adonde están las diferencias.

Son tiempos donde la gente que nunca hablo ahora habla, y los que siempre hablaron ahora son escuchados.

Mientras tanto, la Nación argentina, vive tiempos delirantes. El 6 de agosto en el senado se discutió una ley que afectaría un elemento condicionante de la existencia del Estado; el territorio. En concreto, la provincia de Misiones por su realidad acuciante: pequeños productores y su zona de frontera, se vería fuertemente afectada. El tema nos permitió darnos cuenta de que Misiones es la segunda provincia más extranjerizada del país, con municipios —sobre todo del norte— que superan ampliamente el límite del 15% establecido en la normativa actual.  

Finalmente, la ley que hubiese permitido la compra de tierras sin límites por parte de extranjeros no salió. Sin embargo, eso no significa que no hayan pasado cosas. En los últimos días, en la localidad de Garuhapé, la comunidad Puente Quemado II fue desalojada y desplazada de su territorio en un preocupante desmanejo de derechos. Ahora, en San Pedro, familias enteras denuncian que la multinacional Arauco destruye sus casas y quema sus animales para apropiarse de la tierra. A ello se suma que, esta última semana, el Poder Judicial misionero agregó un nuevo capítulo a su injusticia epistémica al condenar a Mariela Ramírez en un proceso atravesado por la noción de la “buena madre”. En este artículo, Caíco aporta algunos datos sobre el funcionamiento, los tiempos y la calidad de las respuestas de la justicia provincial (vale la pena): https://caicoperiodismo.ar/remo-04-pocos-fallos-muchas-fallas/

Son muchas cosas atravesadas por un hilo conductor: como y quien toma decisiones sobre las razones públicas, y que decisión se toman.

Ante una avanzada, es necesaria otra avanzada.

Como se viene demostrando, la democracia representativa se encuentra agotada. Su lugar debe ser ocupado por una democracia participativa y deliberativa, que permita el encuentro de todas las voces afectada, con la suficiente información, para llegar a acuerdos más imparciales y legítimos.  

Hoy vemos que la derecha nos ha mostrado su plan más perverso —lo tenemos sobre la mesa—: mercantilizar todo lo que está a su paso, cosificarlo. Es la Nada en la película La historia sin fin. Nosotros deberíamos ser Bastián.

En este contexto, la izquierda —en toda su amplitud— tiene una oportunidad única. Al referirme a ella, no hablo de un partido político en particular, sino de una posición política. Es cierto que esto puede ser mayormente capitalizado por los partidos de izquierda, pero prefiero pensar en posiciones que pueden encontrarse dispersas en diferentes —aunque no en todas— agrupaciones sociales. La palabra izquierda, incluso en términos semánticos, gana peso: en la medida en que derecha se vuelve sinónimo de muerte, izquierda lo hace de vida.

Por eso, me gustaría dedicar unas pocas líneas a pensar qué es aquello que llamamos izquierda, buscando una mejor comprensión que nos permita inclinarnos hacia esa postura. Para ello, voy a tomar brevemente algunas ideas desarrolladas por el jurista Roberto Gargarella en su reciente ensayo Izquierda y política, que puede consultarse aquí: https://ar.bajalibros.com/reader/izquierda-y-politica.

El autor afirma que, frente a los desacuerdos acerca de qué significa ser de izquierda, existe una idea de izquierda capaz de generar ciertos consensos básicos. Esta se asienta sobre una premisa de emancipación —o, dicho de otro modo, de no dominación— y, en consecuencia, ha defendido históricamente los ideales de los derechos y la democracia; es decir, la autonomía personal y el autogobierno colectivo. Ello supone, por un lado, que cada persona debe poder desarrollar su vida del modo más libre y pleno posible, sin interferencias arbitrarias de terceros o de instituciones; y, por otro, que cada comunidad debe poder organizarse de la manera más autónoma posible, sin quedar sometida a voluntades o poderes externos.

Resulta necesario, entonces, ante el panorama actual, donde los poderes concentrados han capturado buena parte de las decisiones estatales, democratizar la toma de decisiones mediante la participación y la deliberación, garantizar una distribución más justa de la riqueza y respetar los distintos estilos de vida. En definitiva, se trata de ampliar derechos —fortaleciendo la autonomía personal— y profundizar la democracia —fortaleciendo el autogobierno colectivo—.

Ser de izquierda es asumir una posición que exige más derechos y más democracia.

Es simple.



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