lunes, 26 de octubre de 2026

Oberá en Cortos: integración regional y diálogo intercultural

A veces pensamos que somos los únicos que prestamos atención a algo; luego, nos damos cuenta que somos varios los que prestamos atención, incluso, pensando, que somos los únicos que prestamos atención.

 

El festival Oberá en Cortos es ese lugar para darse cuenta que somos muchos los que concebimos a la cultura, y particularmente el cine, como motor de transformación social. Una herramienta, que nos permite disputar narrativas oficiales y construir una voz sostenida en las realidades de la sociedad en la que está inmerso. Una voz que desde distintos lugares de Latinoamérica, sigue diciendo que eso cuesta, y que nos duele.

La edición 23 del festival de Obera en Cortos, desarrollado desde el 6 al 10 de octubre en la ciudad de Oberá, Misiones, teniendo como sede principal el Espacio INCAA “Cine Teatro Obera”, se llevó a cabo en un contexto regional marcado por una alarmante reducción de derechos culturales. Así, podemos ver países como Argentina o Ecuador que han fusionado la cartera cultural a otras áreas, perdiéndose así su relevancia, o en Bolivia, donde simplemente, el Ministerio de Cultura se ha eliminado de un plumazo. Frente a este escenario el festival respondió desde el lugar que mejor conoce; los derechos.

En esta edición, el festival se proyectó en 22 pantallas de distintas salas de Argentina, Brasil y Paraguay, ampliando la circulación, y por ende, el acceso de las obras. Se rindió homenaje al cine cubano con la presencia de la actriz Mirtha Ibarra; y en ese marco, se firmó un convenio entre la Facultad de Arte y Diseño de la Universidad Nacional de Misiones y la Casa Titón y Mirtha, en La Habana. Con ello se creo la Cátedra Abierta Tomás Gutiérrez Alea, con el propósito de promover el cine latinoamericano en nuestro territorio e identificarnos como comunidad.

Por su parte, desde el espacio “Entre Fronteras” se avanzó en la construcción de una red regional, con una hoja de ruta compartida, cuyos ejes son la producción de cine regional, la circulación de las obras y la formación de públicos. Un manifiesto en defensa de la libertad de expresión con la mejor luz de la democracia; y todo ello, con la mirada puesta en la defensa de la soberanía política y cultural.

 

Cine Teatro Oberá. Sobre la calle San Martin. Fuente: Lino Lopez Torres

 

El Cine Teatro Oberá, que comenzó a funcionar en 1988 y se incorporó a la red de Espacios INCAA en 2009, cuenta con más de 180 butacas. Tanto el primer día como el último, cuando estuvimos presentes, la sala estuvo completamente llena. La concurrencia fue tal que debió habilitarse el Cine Casino de Oberá, que también formó parte del circuito del festival.

En los pasillos laterales había gente sentada sobre las alfombras, mientras otras permanecían de pie en la parte trasera de la sala. La puerta se abría constantemente, lo que podía distraer la atención de quienes miraban la pantalla. Sin embargo, el clima era alegre y amable, parecido a un grupo de compañeros y compañeras de curso que se reencuentra en un viaje de egresados.

Llegar a Oberá

El sábado llegamos cerca de las dos de la tarde. Viajamos por la ruta provincial 3, pasamos por Cerro Corá y llegamos a Cerro Azul, donde almorzamos en una estación de servicio. Las ondulaciones del terreno ampliaban la observación del paisaje. El tiempo era inestable. Había una llovizna intermitente que se alternaba con un sol que parecía dudar si mostrarse o no.

En esta época de primavera, por la zona llueve bastante. «Vamos a empezar a criar sapos», dice el gringo que atiende la estación.

Retomamos el viaje por la ruta nacional 14 y, después de pasar por Leandro N. Alem, en treinta minutos llegamos a Oberá. Fuimos directamente al hotel. En el hall nos encontramos con uno de los organizadores del festival, que nos contó cómo había transcurrido la semana y nos adelantó la programación del día. Después nos dieron la habitación, y casi sin pausa, comenzó nuestra maratón.

Una ciudad nublada


Espacio Cultural Loma Porá. Fuente: Lino Lopez Torres

 

A las cuatro de la tarde, en Loma Porá, una de las sedes satélite del festival, se desarrollaba la charla La Misiones inventada. La actividad buscaba interpelar los relatos oficiales sobre la identidad misionera. Allí tomaron la palabra integrantes de la comunidad afro, quienes señalaron que el hecho de no contar nuestra historia también es una forma de racismo.

Dos horas después, en el Cine Teatro Oberá, se proyectó Lu y Pau, del director Nicanor Loreti. Se trata de una producción de Buenos Aires filmada en Misiones que, en cumplimiento de una normativa local, cuenta con una mayoría de integrantes de la provincia en su equipo técnico. Al finalizar la película hubo una charla abierta con una de sus protagonistas.



Mientras tanto, afuera, la cuadra de la calle San Martín comenzaba a llenarse de gente, al mismo tiempo que la noche iba cubriendo la ciudad.




Pasadas las ocho de la noche, durante la ceremonia de cierre, la emotividad alcanzó su punto más alto. Hubo agradecimientos, relatos de participantes, aplausos, alaridos, risas y llantos. Se contó lo que se había hecho y también lo que se seguirá haciendo. El cierre, de esta forma, pasa a ser un compromiso con lo que viene

Se proyectaron los cortometrajes realizados en el marco del maratón estudiantil Montaraz y de los talleres barriales. Cerca de las once de la noche, como cierre de la programación, llegó el turno del documental Bajo las banderas, el sol, del director paraguayo Juanjo Pereira, que tuvo su estreno en Misiones. La película, que había recibido buenas críticas y participado en festivales como el BAFICI y el Festival Internacional de Cine de Berlín, sumó un nuevo capítulo a su recorrido.

Desde la medianoche, en la Murga del Monte, había música en vivo. Nada mejor que terminar con música y baile. Hacia allí fuimos

Hacia la murga del monte

Para entonces, la temperatura había bajado bastante y tuvimos que sumar prendas a nuestro cuerpo. Caminamos unas diez cuadras hasta el lugar. En el camino nos cruzamos con dos bares: en uno sonaba David Bowie; en el otro, una banda tocaba en vivo, de espaldas a la calle. Las subidas y bajadas del camino cambiaban el ritmo del galope. Estábamos tranquilos, hacíamos lo propio en una ciudad comprimida que, llegada la noche, parecía expandirse sobre sí misma.

Finalmente, llegamos.



Imagen: Obera en cortos. Murga del monte.

La Murga del Monte es un grupo de teatro comunitario con más de veinte años de trayectoria. Desde 2008 cuenta con un espacio propio, instalado en un antiguo depósito de té de la zona. Allí nos sentamos y conversamos de teatro. Saludamos a amigos y amigas que hacía mucho no veíamos. Nos encontramos con personas con las que solemos compartir otros espacios, seguidamente, pero que en ese contexto, adquirían una presencia diferente.

Una de las cosas que hace especial a un festival es la posibilidad de encontrarnos para vernos de una manera distinta.

Después nos fuimos. Ya de madrugada, desde la habitación del hotel, escuchamos la lluvia acariciando los campos.

Un lugar adonde volver


La ACA por la Av. Sarmiento de la ciudad de Obera. Fuente: Lino Lopez Torres

 

En cinco días, Oberá albergó mucho más que una programación de audiovisuales. La segunda ciudad más grande de Misiones, cuyo nombre remite a un cacique llamado Oberá, es conocida como la Ciudad de los Inmigrantes y también como la Capital del Monte. La Facultad de Arte y Diseño de la UNaM ha contribuido a consolidar una tradición cultural que encuentra en el festival una de sus expresiones más importantes.

Nos alojamos en el hotel Anahí, a una cuadra y media de la catedral, a cinco del Cine Teatro y a tres de la Confitería Alemana. Desde allí, la ciudad se volvía transitable a pie, y las distancias entre los distintos lugares formaban parte de la experiencia. Al caminar por sus cuadras, uno podía encontrarse con vidrieras vestidas de colores o, de pronto, con algún conocido que cruzaba la mirada de cuadra a cuadra.

Al final nos damos cuenta, que somos muchos los que prestamos atención a algo.

Quizás por eso a Oberá en Cortos siempre se vuelve. Y de Oberá, nunca se va.

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