lunes, 19 de octubre de 2026

Universidades públicas; instituciones que sostienen la democracia

 

Bernasconi


Hace unos días, ACIJ[1] publicó un informe que advierte sobre el nivel más bajo de ejecución presupuestaria por estudiante desde el 2004. La discusión en torno a la Ley de Financiamiento Universitario (2025) busca reparar, al menos en parte, esta situación socialmente critica. Sin embargo, el Gobierno nacional no cumple (sus obligaciones) la ley, a pesar de que esta ha superado todas las instancias legislativas y judiciales correspondientes.

El artículo 2 de la Ley de Educación Superior establece, que el Gobierno nacional es garante del financiamiento de las universidades nacionales, para que estas, entre tantas otras cosas, distribuyan conocimiento e igualen oportunidades de participación. Aquí el conflicto no es de una comunidad cerrada, sino de la sociedad en su conjunto, que dispone de instituciones valiosas para crear espacios de civilidad y sostener ciudadanía; es decir, democracia. El Gobierno nacional está en conflicto con la democracia.

La petición del jueves 15 en todo el país, contra el dnu 70/2023, se presenta en este escenario. Se trata de un decreto que desregula numerosos asuntos de amplio interés público, entre ellos, nuestros recursos naturales, como son la tierra, los glaciares y los bosques. De este modo, cuestiones fundamentales de la vida humana quedan sujetas a un poder totalizante que se concentra en la Presidencia de la Nación –agravada en este caso por la ocupación del demonio descripto por Madison-, convirtiendo el régimen republicano en un régimen tiránico.

Aquel mismo jueves, el Poder legislativo no logró rechazar aquel dnu y dejo una imagen triste en la televisión: una cámara de diputados a la mitad, hablando sola. En paralelo, en la plaza pública, la policía federal reprimía un acto de expresión que exigía el cumplimiento de una ley, demostrando una vez más las derivas totalitarias de este gobierno que ejerce constantemente violencia institucional.

La Corte Suprema de Justicia, otro poder del Estado, también ha demostrado en sus últimos fallos (CECIM y Árbol de Pie), una preocupante falta de interés de respetar la Constitución Nacional. Todos sabemos que un dnu no puede modificar una ley (y en este caso agravado por la cantidad y la cualidad de las leyes) en un sistema jurídico como el nuestro. La Corte lo sabe pero guarda silencio mientras se violan sistemáticamente derechos humanos. La garantía formal del derecho sea derrumbado y estamos a la intemperie como ciudadanos.

El escenario complejo que atravesamos nos exige, mucho más, prestar atención a los medios de garantías informales de derecho (art.36 CN). Estos consisten en una ciudadanía con capacidad crítica y creativa, y con una voluntad de transformación expansiva. Una ciudadanía que siente las cadenas por que se moviliza. ¿Cómo llegar a esto? Bueno, una de las instituciones que nos habilita a deliberar sobre esto, son las universidades públicas. Instituciones que sostienen la democracia y un modelo de sociedad. Ese modelo que el pibe de la FUA, en plaza Congreso, en Bs As., en el medio de los gases, lo tradujo así: defender la universidad con la vida, por el derecho que tiene cada quien de decidir su futuro.

Esto está en juego.

 

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